Aguántame el cuaderno

Un día me senté delante del ordenador con uno de mis cuadernos y me pregunté qué podía sacar de él. En realidad, un cuaderno es como un depósito donde caben listas de tareas, pensamientos, notas sobre los libros y artículos que lees, presupuestos mensuales, gastos diarios, dibujos y garabatos, comienzos de inexistentes novelas, retratos, etopeyas y prosopografías de gente que amas, incluso admiras, caricaturas de gente tóxica, incluso muy cercana, desagradables, rebosantes de prejuicios, notas de reuniones docentes, pura burocracia, guiones de vídeos con los que pretendes relanzar el vlog de YouTube, citas maravillosas, propósitos de enmienda, listas de libros, listas de películas que ves mes a mes, listas de cosas que necesitas comprar, como calzoncillos y cola blanca para sillas de madera, reflexiones en torno a un artículo que lees –esto ya lo has escrito pero lo dejas–, registros de todo tipo, que si saldo en cuenta, gastos innecesarios, veces que haces deporte, ritmos de tantos minutos el kilómetro de las subidas al Neveral, pecados veniales, minutos de lectura, rosarios rezados y tuits ingeniosos que te da vergüenza publicar, pruebas de caligrafía, resolución de exámenes de segundo de bachillerato, fechas importantes, cumpleaños del día y números de teléfono de las madres de mis alumnos, exámenes y días, fechas importantes a seis meses vista, notas sobre algún curso, bibliografía de alguna asignatura de la UNED, refutaciones y contraargumentos para combatir el aburrido y tópico pensamiento único contra el que luchaba, por ejemplo, María Zambrano, andaluza, de abuelo de donde las caras, de Bélmez de la Moraleda, precios de los Pilot que compro, deseos insospechados, trozos sinceros de diario, trozos de mentira, escritura de mi día a día, calendario del trimestre, inicios e ideas para cartas vía postal, epístolas a los alumnos, registros de temperatura filial, días que amo más, días que rezo menos, y más, lo que le sobreviene al seso delante de un sagrario, o de dos, lo que se me ocurre en otra sesión de evaluación observando los tacones de la compañera del equipo educativo, los días que limpio la biblioteca del salón, y el váter y la lámpara, otra lista, más listas, la fecha de inicio de la invasión rusa, incluso una enumeración como esta que demuestra o apoyaría la idea de que se podrían escribir tantas novelas como cuadernos tenga uno almacenados, pero para qué más novelas que se convertirían, en realidad, en objetos para uso y consumo de quien no tuviera nada mejor que hacer, con lo divertido y práctico que es escribir en un cuaderno para abandonarlo, una vez escrito, en la balda del armario de los cuadernos, o en un cajón y pasar a otra cosa, por ejemplo. Y así día de todos los días, hasta hoy.

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