2. ‘Escuchar para ser’, de Franz Jalics: No estás condenado a ser un menor de edad

Si eres engreído tratarás de imponer a otros tus convicciones. Dicho de otro modo, nadie te escucha cuando eres engreído, aunque poseas lo más valioso del mundo. Si quieres servir y dejar de ser un engreído fíjate en tus próximos, en tu mujer, en tus hijos, en tus compañeros de departamento… Es tan importante preocuparse por los demás, dice Jalics, que si no lo haces será imposible que transmitas tus convicciones, o tu fe, por ejemplo.

            Como pueden comprobar, este libro versa sobre temas con tela para cortar, y coser. Al menos, para mí. Escuchar para ser es un texto que se adentra por los vericuetos del sentido de la existencia. Porque, ¿hasta qué punto vivimos narcotizados por asuntos de segundo orden? ¿Hasta qué punto sabemos qué vamos a hacer con nuestra vida? Nuestra vida ¿para qué nuestra vida?

            Jalics narra un suceso que le transformó. Lo hace en las páginas 32 y 33 y la protagonista fue una mujer. Llega a afirmar que “desde aquel episodio empecé a desplazar el centro de gravedad hacia la otra persona, hacia su capacidad para aclararse y resolver por sí misma sus problemas. Esta fue mi conversión al prójimo. ¡Una actitud que, además, es infinitamente más cristiana!”

            Pero regresemos a lo que había escrito unos párrafos antes. Regresemos a la capacidad –hoy tan negada y mutilada– que permite a los demás salir del atolladero en el que se encuentran, y salir por sí solos. Cómo comulgo con esta idea, a pesar del nacimiento diario de nuevos gurús que pretenden impedirlo. Yo no señalo.

            Tú y todos tenemos capacidad para resolver las dificultades que nos presenta la vida. En ocasiones, y es un caso extremo, bastaría aferrarse a un trozo de papel y un Bic. Y seguir respirando. Porque estamos bien hechos, afirma Jalics, porque tenemos la capacidad –quizá dormida y narcotizada, sí– de comprendernos a nosotros mismos y por tanto, de resolver nuestros problemas porque, escucha: “nadie está condenado a ser un menor de edad toda su vida y esperar de otros las indicaciones precisas para resolver sus dificultades”. Esto, traducido al espíritu cristiano de Jalics consistiría en no ofrecer soluciones, sino despertarle al otro su capacidad de autonomía y ayudarle a ponerla en práctica.

            En un mundo inundado de consejeros y gurús, esto me resulta revolucionario. Jalics utiliza un lindo tropo para ejemplificar lo que dice y lo hace así: “explicarle a alguien la situación que vive y ofrecerle soluciones para mejorarla es como colocar un macetero con rosas en medio del jardín. Sin duda son hermosas, pero dado que no han brotado de la tierra, carecen de raíces”. Hay, por tanto, que despertarle la autonomía a quien te rodea, que es, en definitiva, abonar y regar un terreno para que las flores puedan nacer bien arraigadas. Y eso, dice Jalics, es entregar el yo al otro y hacerlo, además, de una forma elevada.

            Los excerpta sobre Escuchar para ser continuarán…

Escuchar para ser: Dimensión contemplativa de las relaciones interpersonales: 251 (Nueva Alianza)

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