La literatura me da entraña: ‘Mira que eres’, de Luis Rodríguez

Tantos listos y tantas listas incapaces de destapar y revelar uno de los mejores libros que he leído este año, y por ende, uno de los mejores libros del año: Mira que eres. No bromeo, yo ya no bromeo. Ya digo las cosas como las veo, las siento y las sufro, es decir, como las intuyo. ¿Quién se ha leído Mira que eres y no ha revelado en el momento de terminar el libro que es el mejor, o uno de los mejores libros publicados en este desventurado 2021?

Hay que reconocer que el autor, Luis Rodríguez, me deslumbró en una de las primeras presentaciones que ofreció sobre su libro. Yo la descubrí, ahora no sé muy bien cómo, en el Instagram de la librería noviembre. Quien diga ahora que las vías de prescripción siguen estando en Babelia, ABC Cultural y El Cultural vive en Marte. Quien diga que no están cambiando, vive recluido, o aislado en su inaccesible torre de marfil. Ojo, subrayo, hablo de la vía prescriptiva que no de la crítica.

Cuando descubrí el nuevo título de Luis Rodríguez lo deseé enseguida. Entre otros motivos porque es autor principalísimo de la biblioteca de casa: Noviemvre (KRK, 2013), La herida se mueve, (Tropo Editores, 2015), El retablo de no (Tropo Editores, 2017) y 8.38 (Candaya, 2019) te los puedo prestar, pero no. El descubrimiento de su nuevo libro fue igual que cuando descubres en un escaparate algo que no pensabas necesitar pero que ahora, desde que sabes de su existencia, lo necesitas para alimentar tu res lectora, y por tanto, cogitans.

Tengo que revelar que al día siguiente de descubrir su nuevo título, y no sé cómo me las apañé o se las apañó, ya lo tenía en el apartado de correos 119 del 23080 de Jaén. Lo registré enseguida en una ficha índice que suelo utilizar para registrar toda obra que compro, consulto o leo. Excel salió ardiendo.

Recuerdo ahora lo que había dicho el autor en aquella presentación, o no sé dónde. Aquello me desbocó, entre otros motivos, porque constituía un bellísimo tropo, un tropo inesperado y rotundo, muy alineado con mi forma de entender, incluso de aprehender lo que significa la literatura. Dijo esto: “Hay dos tipos de literatura: la que entretiene y la otra. No sé yo hacer entretenimiento. A mí la literatura me da entraña”. La literatura me da entraña. Cómo no elegir este enunciado para titular esta reflexión en torno a otro singular de Luis Rodríguez. Es, lo pensé, el más rotundo candidato a tropo del año, concurso que sopeso instaurar en esta página web.

“La literatura da entraña”, es decir, genera materia y procesa materiales escogidos de la realidad para alimentar la imaginación y así mantenerla viva, hacerla singular, o en su tópico superlativo, singularísima. Y viva la imaginación, vive mejor el individuo porque sin entrañas literarias, qué tipo de individuo lograrás ser.   

No voy a soltar el tropo porque el tropo describe, define, caracteriza, naturaliza y totaliza a Mira que eres. Quiero seguir sujeto a él, a las entrañas de lo que Luis Rodríguez nos ofrece como Literatura. No esperes encontrar un libro como los que se ofrecen en las ferias del libro de los institutos. Tampoco esperes un libro que te sosiegue o entretenga. Ya te lo ha advertido su autor. No, no esperes lo tópico de la literatura, lo tópico de los libros tradicionales de ficción, sino más bien prepárate para –¿me atrevo?– una especie de David Markson español, un escritor loopinguero y virguero –cómo me gusta esta palabra desde que se la escuché a mi padre con doce años–.

“Analizar consiste en deshacer el nudo”. Página cercana, la quince. En la dieciocho encontré una intertextualidad de esas por las que merece la pena leer mucho y sin diagonales previamente trazadas: la referencia a un relato que había leído hacía muy poquito de Rilke, “El secreto”. Y estos descubrimientos, a mí, me encienden. Y así, hasta ciento cuarenta y una páginas, donde, si te da por llevar una contabilidad metaliteraria, anotarás pensamientos y sugerencias e ideas de Gregorio Marañón, Eli Batuman, Honoré de Balzac, Stendhal, Lila Azam Zanganeh, Nabokov, Ingar Sletten Kolloen, Alberto Savinio, Richard Stern, Walter Benjamin, Baruch Spinoza, Leoy Bloy, Matisse, Tolstoi, Vagas Llosa, César Aira, García Márquez, Lawrence Durrell, Thomas Mann, François-Rene de Chateubriand, Simon Leys, David Foster Wallace, Miguel de Cervantes, Bertrand Russell, David Hume, Fernando Pessoa, Séneca, Maurice Blanchot, Ödön von Horváth, Rubem Fonseca, Mário de Sá-Carneiro, Robert Louis Stevenson, Donald Barthelme, Harold Bloom, Daniel Mendelsohn, Gustave Flaubert, Ian McEwan, Luis Antonio de Villena, Marcel Proust, Truman Capote, Poeta Desconocido, Chéjov, Miguel Ángel Nepomuceno, Jorge Luis Borges, Eduardo Haro-Tecglen y W. G. Sebald.

¿Quién sería capaz de dejar pasar la oportunidad de leer un libro donde se reúnen en tan pocas páginas los brillos y brillantes de tanta literatura genial? Nadie, sea sincero. Nadie desentrañará la idea de literatura hasta que no haya sido capaz de destripar las páginas de este opúsculo, pero magno trato entre el arte del labrado de los orfebres y la Literatura.

@sr_blumm en la pública de Jaén

Cuando te topas y descubres una novelita como esta recuerdas las porfías de las jóvenes promesas de nuestro panorama literario. Además, y sin querer, reaparece un dato que les sueltas a tus alumnos de primero de bachillerato, que Cervantes empezó a escribir el Quijote con cincuenta años. Así, en la etapa madura de su vida, Luis Rodríguez lleva produciendo su mejor literatura. ¿Por qué nos obstinamos en comernos los plátanos verdes? ¿Por qué no nos comprometemos leer literatura de artistas que han sabido forjar, y cómo no, templar su escritura para ofrecer un arte brillante y singular, fuera de los contextos encarrilados? En ocasiones, ahora que mi hijo me sugiere que él lo que quiere es comprar oro –a sus trece–, hay que acudir a un valor tan seguro como Luis Rodríguez, a un valor expedito de sorpresas blufianas, a un texto que ni es postureo ni trampantojo del trampantojo de la novedad literaria.

Me había propuesto escribir en esta página, a partir de esta reseña, o glosa, o como quieran llamarla, mil palabras sobre todos los libros que lea. Llevo 950. A ver si no me cuelo mucho.

Rodríguez, decía, nos ofrece en Mira que eres un libro construido con frases con mundo porque él sabe que “escribir es añadir a un pensamiento dado todas las circunstancias calculadas para producir el efecto completo que el pensamiento debería producir”. Copia.

Dan ganas de callarse ya, y me voy a callando porque como nos dice el narrador de Mira que eres, que parafrasea a Nietzsche en un par de páginas, se nos recuerda que “cuando más se dice es no diciendo nada”. Así que, como le sucede al corazón del hombre, que tiene lugares que no existen y para que puedan existir tiene que entrar el dolor en ellos, esto lo decía Leon Bloy, así sucede con la literatura de Luis Rodríguez, que hay lugares que no existían en la Literatura hasta que Luis Rodríguez los ha materializado. Por eso, me atrevo a definir, su literatura parece literatura collage, porque ocupa parcelas que nadie había completado, ni escrito. Tienen que leer a Luis Rodríguez, a todo Luis Rodríguez. Y terminar aquí, así: ¡Mira que eres!

Puedes adquirir Mira que eres en la editorial Candaya, en Amazon o en cualquier librería de España.

Mira que eres: 77 (Candaya Narrativa)

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