Zascandil, sujétame el cubata

zascandil (de zas, candil, frase con que se acompañaba o se representaba la acción de tirar el candil al suelo para que se apagase, en caso de bronca) 1 m. ant. Acción o suceso *brusco. 2 Persona aturdida, *informal o *ligera, o sea, falta de aplomo, formalidad y estabilidad. 3 ant. Hombre astuto, engañador, generalmente estafador

zascandilear intr. Obrar como un zascandil. Moverse o hacer cosas sin formalidad y sin utilidad. Ir de un lado para otro perdiendo el tiempo. à Celeminear. Callejear, *vagar

[Voces zascandil y zascandilear del María Moliner]

Un ejemplo literario:
“Gritad atrevida y fuertemente todo lo que siente vuestro corazón. Tirad la piedra y esconded la mano” le decía al hermano Protágoras, o sea a D’Alembert, que así se llaman hermanos estos zascandiles; y al otro hermano Thiriot, que así sería, le escribía: “La mentira sólo es un vicio cuando arrastra consigo el mal. Y es una virtud cuando procura el bien. Sed, pues, más virtuosos que nunca. Hay que mentir como un diablo, no tímidamente, no sólo durante un tiempo, sino descaradamente y siempre”. Y asimismo escribía al Protágoras todo el descubrimiento de sus intenciones: “Sostengo la guerra a derecha e izquierda. Contra unos, cargo mi fusil con sal, y, con gruesas balas, contra otros. Y, sobre todo, me bato desesperadamente, cada vez que me acusan de no ser buen cristiano; pero, después de la lucha, me echo a reír”.

[El sambenito, de Jimenez Lozano: 148]

Excerptum:
Ahora no se dice zascandil, sino “sujétame el cubata”, por ejemplo. Durante la adolescencia, algunos jóvenes, cuando iban a pegarse con alguien, antes de hacerlo, hacían como que entregaban, o arrojaban algún objeto a otro compañero, unas gafas, unas llaves, algo que supiesen que podían perder en la refriega. Después se remangaban la camisa y se enzarzaban en la pelea. Perdían el tiempo, porque buscarse la boca era perder el tiempo. Algunos, incluso, mascullaban aquel “si quieres pelea, la obtendrás”, como decía una canción de ¿Tequila? Entonces, ¡zas!, tiraban el candil al suelo, y comenzaban a pegarse, que era, antes, como uno podía pasárselo bien. En realidad, todo era cuestión de lamerse los instintos y de coger el sambenito en el instituto.

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