Mosley: Escribir todos los días tres horas

Dice Walter Mosley en This Year You Write Your Novel que no hay tiempo para la inspiración si quieres escribir una novela antes de que pase un año. La única inspiración que conoce es la de sentarse durante tres horas de lunes a domingo y todas las semanas frente a su mesa de trabajo. Si quieres escribir solo tienes que dedicarte a escribir. No hay nada más. Así terminas el primer borrador de tu novela en un santiamén, aunque él de lo que habla y remarca es de cincuenta y dos semanas de escritura en fragua y no de un santiamén. Cincuenta y dos semanas que suman un año. Todos los días. Tres horas. Ese es el truco.

Pero, qué quieren, me gusta escribir sobre papel. Sacar luego la hoja y corregirla a mano, con tachaduras, flechas y cambios, y volverla a teclear, una y otra vez. Pierdo mucho tiempo, me dicen, pero yo no escribo para ganarlo ni ahorrármelo, sino para aprovecharlo y sentirlo pasar, o incluso para eso, para perderlo y pensar mejor. Y cada vez que tecleo de nuevo la página la voy asumiendo, aprobando, le voy dando el visto bueno y me voy acostumbrando a ella. Porque a todo tiene uno que acostumbrarse, hasta a lo que sale de su imaginación.

Javier Marías en “Olympia Carrera de Luxe” en “El País” 10/07/11

Normalmente hago turnos de tres o cuatro horas con siestas o cosas lúdicas tipo hacer algo con otras personas en medio.

DFW a Lipsky en Aunque por supuesto terminas siendo tú mismo.

Lo que me asusta es que apuesto a que van a pasar dos semanas… Y entonces voy a tener que… descomprimirme de toda la cantidad de atención recibida. Porque es lo mismo que si te inyectasen heroína en el córtex. Y voy a tener que echarle huevos para detenerme y… pasarlo.
E intentar recordarme que ya sabes… Y tú sabes que ves lo mismo. Que la realidad consiste en estar en una habitación con una hoja de papel. Y que todo esto es morralla tangencial, que en parte sienta bien y en parte no. Pero eso, eso es lo real y todo lo demás mera conversación y nada más.

DFW a Lipsky en Aunque por supuesto terminas siendo tú mismo.

Ya en los pupilajes se levantaba al alba para escribir. Primero a mano, luego en una máquina de escribir. A mí me lo dijo en una entrevista en su casa, calle de Zorrilla, piso como de consulta de médico famoso de la literatura.
Yo soy hombre de un folio diario.
Escritor de folio diario con su destino, libro o periódico, a Azorín le queda todo el día libre –ocupado– para mirar esas nubes que pasan, consultar libros difíciles, releer clásicos, enterrar modernos, ir a todas partes, finalmente al cine, y por supuesto al Apolo que le deslumbró la primera noche.

Umbral sobre Azorín en Los alucinados.

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