Carta a Eva Luarte, la Calambura

Me pillas leyendo Diario inusitado de un tipo en desuso, de Jesús Tíscar. No he pasado del prólogo. Soy incapaz de seguir avanzando sin sacar la máquina y escribir unas letras para decir justamente eso, que no he sido capaz de seguir leyendo si no escribía algo sobre el originalísimo prólogo que inventa. Escribir originalísimo prólogo es muy tópico. Eso ya lo sabía, pero ¿quién es capaz de crearse un “alter ego rancio y darle una vida ridícula para airearla en Facebook durante sesenta y ocho días”? Jesús Tíscar Jandra. Por lo menos es sincero: “sin tener ni puñetera idea de lo que iba a escribir, pero sí a quien se lo iba a escribir”.

Lo de Tíscar esta vez es de primera persona, de principal y primerísima persona. Y de melodía y ritmo, de no aguantarse el espíritu porque lo va vomitando en forma de letras, de neopalabras, que son y pasarán a la historia de la lengua, o a alguna historia, como los neologismos de Tíscar, allende Umbral y Cela: “pensamentazos”, “personajales”, “diccionarosa” y “pidarras”; esta última ni Casares ni Moliner, ni yo ni don Contexto hemos sabido descifrar qué significa. Pero da igual. El prólogo es la explicación de una inseminación, la de Tíscar en Facebook durante el confinamiento, que es, como dice, y vaya tropo se le cae, “la imprenta global” donde todo el mundo leía cómo de mal o bien se estaba “amazapanando”.

Como ven, todo va de imágenes, que son tropos tiscarianos. Hay quien copia y pega tropos, pero Jesús Tíscar los inventa. Así lo cuenta antes de empezar, por ejemplo, cuando dice que él es “un escritor de los de antes, chinche, desconocido y muy de salir de la escribanía (…), muy de los bares y las reboticas, de las mojigangas callejeras y las droguerías tangerinas, muy del ángulo de tus ingles (…), de las tertulias flatulentas, allá donde estén, por lejos que se hallen, de las tertulias flatulentas y silenciosas y de los corros de la patata entonados en hilacho tristón, achupé, achupé, sentadito me quedé”.

Sin vergüenza continúa disociando la biografía deslumbrante de un narrador que cuenta desde la ficción, no lo olvides, la biografía de su creador, del padre del narrador, que se cuenta a sí mismo y nos lo cuenta a nosotros. Será por espejos entre los muelles narrativos. El objetivo es “verdaderizar” el confinamiento, contárselo a su musa Eva Luarte, que es la Calambura y no muy asaúra por lo que parece, pero que él, entre sus “soledades a espuertas”, no le quedó más arranque que escribir para salvarse con la literatura durante el confinamiento, aunque a él “esa frasecita de marras, propia de poetas cipotines y de entrevistas industriales de Paginadós…” no le va, la de salvado con la literatura. Y ahora, un paréntesis: ¿Cómo alguien es capaz de condensar en un solo enunciado (“entrevistas industriales Paginadós”) todo lo que siempre había pensado sobre las entrevistas que fragua ese programa vomipurgativo? No lo sé. Así que pregunto: ¿cómo lo hace?

              Así pues, llega este Diario inusitado de un tipo en desuso editado en Marli Brosgen[1].

El prólogo es un pacto con la ficción. En él se estipula cómo va a fermentar y cómo hay que espolvorear los ingredientes entre las mientes de los lectores. Los que llevamos años leyendo a Jesús Tíscar sabemos que no nos cuenta la realidad, porque eso, como dice, “eso es un tedio muy de mandilones y cronistas”. Tíscar lo que hace es corromperla. Bueno, tampoco. La realidad es muy corrupta de natural por lo que él lo único que hace es desechar el tique que nos da la realidad en un supermercado. Eso es rutina, y fluslería. Si la realidad fuese ese tique, qué raro sería el escritor que sabría lucirse y entretener al personal con la literatura que contiene la rutina de la realidad, la que contiene semejante documento, dice. Él arruga el tiquecito y descalabra la cotidianidad para verle las ingles, por ejemplo, o los sesos y las hechuras más aviesas y contrahechas.

Jesús Tíscar no escribe ninguna línea gratis, asegura; ni para él. Por este motivo quiero animarte a que leas Diario inusitado de un tipo en desuso[2] para que, como mínimo, conozcas cómo un escritor reutiliza el lenguaje de ir a comprar el pan con los resortes de la ficción, en este caso, de la ficción de un diario de la peste, como el de Defoe, o el de Roth y otros tantos, de un diario diferente de esta peste de dos mil veinte.

Adiós. Sigo leyendo. “Domingo, 15/03/2020 (I)”


[1] Web de la editorial Marli Brosgen: https://marlibrosgen.com/

[2] Puedes comprar el libro en la editorial: Diario inusitado de un tipo en desuso.

3 comentarios en “Carta a Eva Luarte, la Calambura

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