El pozo tolerante

El pozo tolerante 2/11/2020 LU

EN REALIDAD, PARA escribir un diario solo hacen falta dos libretas. Josefina Vicens en El libro vacío lo llamaba el sistema de los dos cuadernos. En uno dejas caer todo lo que piensas sin aliño, y en el otro… Ella lo contaba así: sobre el primer cuaderno “que llamo número uno y que es una especie de pozo tolerante, bondadoso, en el que voy dejando caer todo lo que pienso, sin aliño y sin orden. Pero la preocupación es sacarlo después, poco a poco, recuperarlo y colocarlo, ya limpio y aderezado, en el cuaderno dos, que será el libro”.

Hoy he escrito mucho en el cuaderno número uno. He escrito sin interrupción durante una hora. Y a mano. He escrito impresiones vagas sobre el libro que he terminado esta misma tarde, La peste blanca, y sobre la escritura, mi escritura que siempre hallo verde e imprecisa. Todo sin aliño, porque la basura no se aliña. Ahora, enseguida, relaciono esta falta de aliño con la basura, y la basura con Roth. Desde ayer, esta conexión la hago desde ayer. Dice Uriarte en sus Diarios que Roth aseguraba que, “para escribir, lo que hay que hacer es coger basura, luego echar gasolina, luego más basura y luego darle fuego. Decía que, si la basura es tuya, la hoguera prende bien y eso es el libro. Pero que tiene que ser basura propia. Roth insistía en que el escritor debe ser honesto con su basura. Supongo que quería decir que el único método científico de hallar buena basura es buscarla dentro de uno mismo. Esa es la basura de verdad y aquella que más tarde el buen lector reconocerá como basura auténtica, y logrará también hacer arder en la segunda fase de todo libro, la lectura”.

El primer cuaderno, por tanto, es y será muy importante. Lo pensaba ayer. Si mi propósito es escribir un diario, tengo que aumentar el número de anotaciones que hago durante el día. A mano, siempre a mano. Se está convirtiendo en una obsesión. Añadir esa fricción me está ayudando a expresar con más gama lo que llevo dentro de la cabeza. Esto escribía, ahí arrojado, en el cuaderno número uno: si no lo escribo a mano, no permanecerá, y si no permanece, no se extenderá por ningún lado. Y si no arde, no puede dar calor.

El método que propone Josefina Vicens es sencillo y en realidad las anotaciones, la toma de notas a lo largo del día, importan mucho. Enciendes el fuego por la mañana, mientras desayunas, y vas echando palitos para que no se apague, para mantener hasta la hora de cenar. Sin aliño, tal y como te los encuentras, tal y como los arrancas del árbol del trajín diario. Hay suficientes razones para hacerlo así, como atestigua nuestra invitada de hoy: “El niño, como el hombre, no posee más que aquello que inventa. Usa lo que existe, pero no lo posee. El niño todo lo hace al través de su involuntaria inocencia, como el hombre al través de su congénita ignorancia. La única forma de apoderarnos hondamente de los seres y de las cosas y de los ambientes que usamos es volviendo a ellos por el recuerdo, o inventándolos, al darles un nombre”.

Quizá, después de leer esta cita, apunte como tarea para mañana comprar dos cuadernos más, aunque tengo suficientes. Hoy he vuelto a escribir, no sé si para inventar o para nombrar mi nueva realidad; sobre todo para que me asista.

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