Glosa 7: Lectura fácil, empezar y acabar

La primera frase de Lectura fácil es un alejandrino.

Ten|go u|nas| com|puer|tas| ins|ta|la|das| en| las| sien|es[1].

También es un circuito eléctrico, como decía Millás. Las frases tenían y debían ser como los circuitos eléctricos. Así, cuando accionas el interruptor de la frase, la frase se enciende; es eficaz. Un circuito eléctrico no tiene por qué ser bello. Su belleza, en realidad, reside en la eficacia.

Un alumno eficaz, por ejemplo, tematiza bien los textos. Si tú le pides a un alumno eficaz que tematice la primera frase de Lectura fácil, donde ahora resido, lo primero que hace es leer la frase: “Tengo unas compuertas instaladas en las sienes”. Entonces, escribe en un examen: “Yo me arriesgaría, profesor, a señalar que el tema sería la vida cotidiana porque una sien es un objeto cotidiano”. Estamos en bachillerato.

Una sien es un objeto cotidiano sin calibrar, pero ahora nos sirve. Una sien nos acompañará siempre, ¿verdad?: “Me duele la cabeza y tengo pinchazos en las sienes”. Nos acompaña a todas partes, incluso, en ocasiones, asume un protagonismo chorreante cuando llega y hace migas con el suicidio. La sien y el suicidio son elementos cotidianos, y contemporáneos; uno aún está sin calibrar en este texto y el otro, el otro es un ruido con sordina: hay quien se levanta la mano contra sí porque no tiene oportunidad de aprehender otra cosa que tiempo muerto[2] y por ese motivo se percute la sien. Porque donde no hay compuerta…

¿Cómo evitarlo? Primero has de retirarte el aladar para instalarte bien las compuertas. Ellas te preservarán del segador y del hastío del ex-sistere. No será, después de la operación, y a pesar de todo, una lectura fácil de la vida: seguirá existiendo el amo, mi Dios, tu marido y los partidos del Madrid, pero tendrás instaladas las compuertas y taladas las ganas de quitarte de aquí. Lo real.

No obstante, algún día llegarás a convencerte: “Prefiero trabajar limpiándole el culo a Sadam Hussein que…”. Sí, ya, lo sé, el tiempo es preocupación[3] y esa es tu verdadera preocupación, pero gracias a Cristina, Lectura fácil continúa así: “Cierran en vertical, como las del metro, y me clausuran la cara”. Y con la cara semioculta, como ahora con una mascarilla, puedes empezar a leer Lectura fácil.

La última frase de Lectura fácil es un alejandrino:

Es|to| de| re|zar| y| del| li|bro es| u|na| me|tá|fo|ra.

[…]


[1] Primera oración de Lectura fácil, de Cristina Gª Morales, Anagrama 2018.
[2] Amery, Levantar la mano sobre uno mismo, 95
[3] Heidegger en algún sitio.

Bernardo Munuera Montero
Apartado de correos 119. 23080. Jaén
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