Glosa 6: Solo quedaron lobos para devorar el viento

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La semana pasada leí una frase de Steiner en George Steiner en The New Yorker (Siruela, 2020) que me la llevé a comer, a merendar y a cenar. Es un tropo y, ya saben, soporto tropos: “Solo quedaron lobos para devorar el viento”.

“Solo quedaron lobos para devorar el viento” se puede escribir solo como corolario de algún suceso muy violento. O de una secuencia de hechos violentos. Tuvieron que ser violentos. Muy violentos. De hecho, Steiner utiliza el tropo después de escribir sobre la Guerra de los Treinta Años y sobre los veinte millones de hombres, mujeres y niños que fueron asesinados en las purgas estalinistas.

También hablaba de Solzhenitsin en el artículo que publicó el 4 de septiembre de 1978 y que tituló “De profundis”. De lo que sufrió y de la matanza de armenios producida por los turcos durante 1915-16. Hasta nos descubre cómo Solzhenitsin hizo cuentas, cuentas para demostrar que Stalin había matado a muchos más millones de personas que Hitler. Steiner no lo dice, pero he de rebajar el registro en este preciso momento: hijos de puta.

A tantos millones de muertos por página, a tantas descripciones de lo que supuso el régimen iniciado por Lenin y demencialmente afilado para la eficacia por Stalin, ¿quién no inventa un tropo como el de “solo quedaron lobos para devorar el viento”?

Quería escribir sobre este tropo para que quedase registrado en estas páginas digitales. Es un soberbio tropo que estará esculpido durante un tiempo en el perfil de Twitter (@blumm). Porque “cada indignidad infligida a un ser humano, cada tortura, es irreductiblemente singular e inexpiable. Cada vez que un ser humano es azotado, matado de hambre, despojado del respeto a sí mismo, se abre un agujero negro concreto en el tejido de la vida. Es una obscenidad”.