Tropo 328: Némesis 7

Parte desde Jaén: 138 contagiados y 2 fallecidos

Leía ayer sin anestesia enunciados tales como “tenemos el mortífero telegrama destructor de testículos” o algunas páginas después ese relato titulado “El zopenco”, donde se describe un “Examen Nacional de Escritores”. Estoy refiriéndome a un libro que, como todos los libros de literatura, son leídos por casualidad. Se trata de Prácticas indecibles, actos antinaturales, de Donald Barthelme, del que recobro su hálito después de abrir el cuaderno de marzo de 2017 por la página 10 y encontrarme, en el día 21 de marzo, estas cosas y estas referencias con los cordones desatados. ¿Dónde queda, dónde se queda lo escrito sobre un papel? ¿Solo en el papel? Por no idear, ni diseñar un sistema de citas, recurres al azar. Pero al azar de abrir uno de los cuadernos que tienes archivados por una página, no sirve para nada. Decíamos que esta vez le ha tocado a la página 10. En esa página también hay escrita una queja, una queja vecina y usual, como la apócope de los prácticos filológicos, una queja común para quien entre tantos días no sea capaz de escribir. La queja reza. Así: “Tantos días ya, otra vez, sin escribir. No encontrar paz ni tranquilidad en todo lo que hago, como conjuntar tres citas al azar de Halfon, una enciclopedia de arte y otra que se abre al libro de Colomer sobre, o de Thomas Bernhard. He estado de convención, pero no he reflejado nada a pesar de que me llevé este cuaderno. Se entra casi siempre, sin que te des cuenta, en una tremenda espiral de vacío que no sabes cómo llenar. Así y hasta en el uso de las aplicaciones informáticas que utilizo para anotar”.

Lo que acabo de escribir lo voy a grabar. La escritura como fuente inagotable, diaria, y eficaz de bienestar personal, incluso así, en el confinamiento del día seis: