Tropo 314: Más mujeres así

He aprendido más sobre Emilia Pardo Bazán en diez páginas de papel que en dos pantallazos de Wikipedia. Wikipedia es una estafa. Lo digo mucho. Y lo digo porque yo no sabía que Emilia dedició ser escritora después de escribir “sobre las mesas de las fondas, sobre mis rodillas en el tren, con plumas corroídas de orín y lápices despuntados, tracé mis primeras páginas de prosa“. Tampoco sabía que después de la catástrofe del 98, que sumió en un lamento eterno a tipos como Unamuno y cía, ella escribió un cuento -que voy a encontrar y leer, “El caballo blanco”- en el que muestra a Santiago acudiendo presuroso en defensa de España, pero al que San Isidro contiene señalándole un arado para decirle: “Primo mío, a arar con paciencia y sin perder minuto…” ¡Ay si los españoles hubiesen seguido ese consejo!, sugiere José Hesse, autor del prólogo de Insolación. Tampoco sabía de Emilia la lió con La cuestión palpitante, una colección de artículos que publicó en “Época” (menos mal que tengo hemeroteca en casa) donde revela que no termina de tragar con el Naturalismo porque decía que era muy ¿explícito? O algo así. Como he sacado esta tarde el libro de la biblioteca después lo miro. De hecho, ella admiraba a Zola, “pero se sentía herida por la crudeza excesiva de alguna de sus obras“. Tengo que leer esos rifirrafes donde hasta Clarín se metía con ella. Hijo de puta. Tampoco sabía que, además, escribió para una colección titulada “Biblioteca de la mujer” “por su convencimiento de que solo gracias a la cultura la mujer española lograría independizarse y salir de la situación marginal en que se encontraba postergada“. Tampoco sabía -¡lo que han dado de sí diez páginas de papel!- que fue ella quien introdujo a los escritores rusos en España, a Tolstoi y Dostoievski con La revolución y la novela en Rusia. Cuando murió, hasta Unamuno escribió en el “Nuevo Mundo” que Bazán nos dejó, entre otras lecciones, “la de una laboriosidad admirable y la de una curiosidad inextinguible“.

Ahora, hija, no me vengas diciendo que, ni lees en papel, llegas sola y borracha.