Tropo 275: Encelado

Cuando llevas dos días, tres, sábado, domingo y lunes leyendo artículos en prensa sobre Cela, empiezas a preguntarte qué quieres de él. De hecho, acabo de cerrar la pestaña del navegador con el último, “El señor Cela en la redacción”, de Antonio Lucas. Qué bien escribe Antonio Lucas. Cada vez que sumo un artículo suyo a mis lecturas, entiendo mejor que su escritura es como ese medio, que decían los surrealistas, que permite conectarte con el interior de lo que trata y de ti mismo.

Pero hablábamos de Cela, y de los artículos de Jorge Sanz Casillas, “Los orígenes del estilo de Cela”; y el escrito a cuatro manos por Juan Manuel de Prada y Alberto Olmos, “Dos escritores miran a Cela”, en el ABC. También has estado leyendo alguno de Raúl del Pozo, pero el mejor, sin duda, “Sois un par de gilipollas”. Hay mucho escrito sobre Cela. Seguiré.

Porque estoy encelado. No sé aún el porqué. La mayoría de estos artículos aparecieron cuando se publicó “La forja de un escritor”, que es una recopilación de los artículos de juventud. En el volumen hay menos de cien, cuando sé que escribió en torno a seiscientos. Seiscientos artículos que le permitieron comer, vestirse y seguir comprando tinta y papel, cuartillas y cuadernos. Eso es lo básico, pero lo que realmente supusieron esos artículos fue forjarse como escritor, como escritor que dejó escrito, entre algunas de las citas que he leído:

Hay que ser un poco de todo para ser escritor. La acción es el único antídoto conocido del tedio y la inacción enmohece los goznes del alma y nos hace ordenancistas, acomodaticios, egoístas, fariseos y gubernamentales: el mal histórico de Occidente.

Cela en su artículo “Debut y pequeña experiencia de un actor novel”.