Tropo 224: El fango

Hoy has podido ver, desde el otro lado, en qué se ha convertido esta serie de tropos. Y como puedes explicarte, aquí siempre te dejan explicarte, querido narrador, te vas a explicar.

Escribes todos los días. Si algo te ha proporcionado esta serie de tropos es la capacidad, bueno, más que la capacidad, la demostración de que eres un escritor de algunas líneas al día, buenas o no. Pero te has cansado. Te has cansado, no de escribir, sino de enseñar, publicar lo que escribes, en la mayoría de los casos, sin más revisión que la que permiten tres minutos al final del día. Te has cansado de ofrecer churros, te has cansado de mostrar por mostrar.

Llevabas tiempo con la idea en la cabeza. Estás cansado de publicar de manera diaria cualquier texto escrito a vuelapluma. No estás cansado de escribir de manera diaria cualquier texto a vuelapluma. Estás cansado de lo primero, no de lo segundo. Lo segundo, la escritura, la necesitas de manera diaria. Pero puedes prescindir, es lo que has pensado, es de lo que te has cansado, de publicar aquí el resultado. Y de qué resultado hablas cuando solamente es vomitar y pulsar el botón “publicar”.

Todo sería distinto si tuvieras ocho, o nueve y diez horas para escribir. Pero no es así. A lo más, o lo más que consigues son veinte, treinta minutos escasos; y casi siempre cuando se está acabando el día. No merece la pena ofrecer esas sobras a los lectores de este blog. No, no merece la pena.

Tus textos necesitan más revisión. Mucha más revisión. Si quieres ascender necesitas la decantación. Hasta hoy has prescindido de ella, pero ahora, no sabes el porqué, la necesitas. La necesitas tanto como la escritura diaria.

Esta sensación, la sensación de estar ofreciendo tropos como churros permanecía latente desde hace tiempo. Pero hoy, todo se ha precipitado. Has encontrado, o mejor escrito, alguien ha escrito un tropo por ti, ha encarnado lo que llevas pensando hace un tiempo, y lo escribes a continuación.

Esta mañana había leído esta entrada de 921kibu:

“Antes de que lea lo que voy a escribir, debo advertirle que el título de esta entrada número 112 persigue adrede el engolamiento del lenguaje; busca la cacofonía palabreresca; un suelo enfangado con restos de basura donde viven cuatro cucarachas, dos cisnes y un búho.

Hacia ir de donde no sí a la par (tres).

Ahora, puede Vd. leerme con absoluta tranquilidad: ¿por qué hago esto? Porque el emisor de un mensaje escrito está obligado en primera instancia a decidir si las palabras alumbran una imagen clara como la proporcionada por la luz de un potente foco o si por el contrario el lenguaje es como la vidriera de una catedral que no sólo aporta luz sino que actúa como un filtro de la misma.

Ésa, y no otra, es la primera pregunta que debe formularse un escritor a sí mismo cuando se halle frente a frente con una hoja en blanco.

¿Pongo un flexo… o pongo un vitral?”

Y no me resistí. Esta vez no me resistí. No suelo comentar en otros blogs. Por pereza, sobre todo, porque no significan nada mis palabras en un sitio que esta fuera de mi sitio, pero esta vez comenté, y se desencadenó la reflexión que precipitó este tropo. Comenté:

“A veces, con frecuencia, mi prosa se engola. Damos fe.”

921kibu respondió:

“Inspirada por tu gran número de lecturas, tu prosa a veces se eleva, sin embargo, te has obcecado en la idea de parir un tropo diario… y eso tiene un precio, amigo: el fango.”

Le diste a me gusta y mientras lo hacías, creíste ver el estilema de alguien conocido. Ese “sin embargo”… Pero desechaste la presuposición, el destello. Cualquiera utiliza así un “sin embargo”.

Después de esa respuesta continuaste. Y contestaste:

“Escribir a vuelapluma, sin más revisión que la que ofrecen cinco minutos, es eso, sí, estoy de acuerdo: revolcarse en el fango. Escribir así, a diario, lo seguiré haciendo, pero exponerlo no, para qué. 2020 viene así. Porque lo que ofreces sobre la marcha, deja de tener valor. Si dosificas, por pura ley de la oferta y la demanda seguro que valdrá más. Lo estoy pensando y pensado quedará para el 31 de diciembre. Verás.”

Así pues, escribir todos los días no se tiene que traducir en publicar todos los días a cualquier precio y manera. Es capacidad, pero sobre todo tiempo para destilar, qué digo, decantar y depurar una escritura que hoy demanda más ocupación, más pensamiento, pero sobre todo, más celo.

Tropo escrito en diez minutos, mientras veías el final del partido entre el Barcelona y el Mallorca. Buen arbitraje.