Tropo 198: No hay azar

Hoy te has llevado El gato encerrado a la salida del colegio de tus hijos. Mientras esperabas, leías dentro del coche, con la emisora de Radio Clásica donde siempre. Además, ha habido un momento gratísimo, porque te has acordado de que esta tarde tenías planeado comprar un paquete de folios, pasta de dientes, un bolígrafo “JetStream” azul y recoger el correo del apartado; todo te iba a servir para visitar, ¡un lunes!, la biblioteca pública. Te acompañaba R porque R hoy tenía pocos deberes. E ibas a visitar la biblioteca pública para tomar prestado el libro con el que Ferlosio estuvo entretenido quince años, como dijo, y vinculaste, en el Tropo 196: Teoría del lenguaje¸ de Karl Bühler.

Has decidido leer más. Has decidido leer mucho más, independientemente de lo que tengas que estudiar, de las clases que hayas de preparar y de los dos prácticos semanales que tienes que hacer cara a la oposición de 2020. Y como lo has decidido, lo ejecutas. Sales de casa con un libro entre las manos. Y quieres leer más, lo escribes de nuevo, porque no quieres pertenecer a ese grupo de personas que “no aguanta mirando un árbol más de dos segundos”, como escribe Trapiello. Piensas que la lectura proporciona la capacidad de estar, al menos, tres segundos mirando un árbol. Además, con el libro que has sacado de la biblioteca, estuvo entretenido Ferlosio quince años.

Abres el libro por aquí y por allí y lees “Los que sobrestiman la onomatopeya. Argumentos en contra” o “Apología de la sintaxis desde fuera”; también “Opiniones más antiguas sobre la importancia de la onomatopeya”. Terminas de abrirlo al azar para leer en otra página “La deixis del ‘así’ como paralelo”. Fascinante.

Si bien ahora no dispongo del tiempo suficiente para leerlo como debiera, sí quería tenerlo esta semana en casa para calibrarlo Y es que, como decía hoy Trapiello en uno de los párrafos que he leído frente al colegio “a los libros como a las ciudades, llegamos de dos maneras: por recomendación o por casualidad. A pesar de que muchos creen que es importante descubrir libros por uno mismo, probando el olfato, eso da igual. No hay azar que no sea una imposición del destino”. Y cierras el tropo, tomas la fotografía que lo encabeza y te vas a la cama con el libro de Ferlosio. Soñaré.