Tropo 180: El abandonismo

Hoy he empezado este tropo a las siete y treinta y tres de la mañana en la sala de profesores del centro donde trabajo, el IES Sierra de Segura. Me he sentado en una de las esquinas de la gran mesa que hay en el centro de la sala de profesores, he sacado el cuaderno y he revisado una de las reflexiones, hecha nota, que tomé ayer de la lectura de El gato encerrado. He anotado algo más, que se ha desgajado de ella. Esa nota, bueno, solo escribí un sencillo, hasta muy simple, diría yo: “Lo ve y lo cuenta”. Me refería a Trapiello. Añadiría, además, que no solo tiene fluidez para ver y contar, sino que lo hace esparciendo muchos, demasiados, diría yo, sustantivos concretos. Sustantivos con esencia, sustantivos que designan con mucha precisión.

Este tropo ha empezado, pero debido a la carga de trabajo que acumulo a esta hora de la noche, tiene que acabar ya. El otro día un lector del blog escribía en la ventana de los comentarios algo referido a alcanzar el tropo 180. Se ha conseguido. He de volver a la segunda persona. Reconoces que da más juego que la primera. La primera tengo que dejarla para el diario que voy a empezar el viernes 25 de octubre de 2019. Por fin, por fin he decidido escribir algo con cierta carga de ficcionalidad. Ficcionalidad suena mal, como suena mal “abandonista” y “abandonismo”, pero el Diccionario de la Lengua Española recoge ambas, y simpáticas acepciones. Hay alumnos abandonistas, ha dicho esta tarde un compañero en la reunión de departamento; yo, en cambio, he decidido que no voy a abandonar. La escritura, como decía Millás el otro día en la entrevista, es algo extraordinario. Muy extraordinario. No digas que no.