Tropo 160: El cuadrante

Me he organizado. Me he organizado con papel, rotuladores y tiempo. En algún momento del fin de semana me organizo. Bueno, en dos. Siempre eres capaz de encontrar dos momentos para organizarte la semana, uno para lo personal y otro para lo profesional. Este año es decisivo. En junio de 2020 me presento otra vez, Dm, para obtener una plaza. Llevo dos años aprobando, pero por distintos motivos, me he quedado sin plaza. Ya, ya sé que a los hechos les importan un mojón tus sentimientos, incluso tus aprobados sin plaza, pero por eso sigo intentándolo.

Hoy me he organizado. A las fotografías me remito. Pero antes, los antecedentes. En la preparación que hice para el examen de 2018 completé a lo largo del curso, practiqué a lo largo del curso unas veinte veces el comentario de texto. Es decir, hice veinte prácticos similares a los que te piden en la oposición de profesores de Lengua Castellana y Literatura. Si en 2018 hice veinte y aprobé, este año me he propuesto doblar la apuesta, o casi triplicarla, para amarrar ese aprobado con un poco más de nota. Por este motivo hice esta plantilla, donde distribuyo y asigno prácticos de comentario de texto a los días de cada mes. Así, si sumas, contarás casi cincuenta. Es una barbaridad para un tipo que se tira todos los días tres horas en el coche entre idas y regresos, atiende a setenta alumnos, acaricia a sus hijos por la noche, departe con una mujer lista y guapa en ratos cortos pero intensos y atiende a un Dios en el que cree con cierta intensidad, pero se lo recuerdo a mi querida autocomplacencia: ¡a los hechos les importan un mojón tus sentimientos!

Hay quien sabe que voy a hacer del comentario de textos un hobby este curso. Hay quien sabe que esto va a ser una fiesta, hay quien sabe que me relajo paseando, escribiendo y leyendo; también así, organizándome con colores, pero lo que no sabe nadie, lo que creo que nadie sabe es que el hombre recobra en estas tareas el aliento para vivir. #bulletjournal

2 comentarios en “Tropo 160: El cuadrante

  1. Es fácil para quien pasa los días y las noches leyendo, no sin un matiz masoca, no sin cierto deleite, reconocer una voz narrativa en un hombre que «acaricia a sus hijos por la noche, departe con una mujer lista y guapa en ratos cortos pero intensos y atiende a un Dios en el que cree con cierta intensidad».

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