Tropo 112: La acedia

A pesar de los cuarenta grados entre las sombras de los árboles del parque, tú estás en tu habitación y te da por terminar, en un domingo por la tarde nada fresco, créeme, Quédate. La acedia. El mal desconocido de nuestro tiempo. La definición que puede dar cualquier diccionario después de leerte un libro sobre la acedia es pobre, casi de risa, pero lo entiendes. Acabas de comprobar qué dice Moliner y qué DRAE. De risa, insisto. La acedia tiene mucha relación con la famosa diversión de Pascal. Pascal decía en sus Pensamientos lo siguiente:

“He dicho muchas veces que todo el mal de los hombres viene de una sola cosa, que es el no saber permanecer tranquilos en una habitación. A quien no le falta nada para vivir, si supiera estarse en casa con gusto, no saldría para ir al mar, o a sentarse en la plaza, o no compraría un cargo en el ejército tan cara como para no sentir insoportable andar por la ciudad, y no busca las conversaciones y las diversiones de los juegos sino porque no es capaz de permanecer con gusto en casa”.

Pascal en Pensamientos

Esto lo decía Pascal y Pascal, desde mi punto de vista y después de haber leído este libro, tenía mucha razón. La acedia tiene que ver también con ser un culo de mal asiento. El que la tiene, podría verse retratado en lo que un tipo del siglo XII como Galand de Reigny decía sobre ella en clave de humor:

Intento matar el tiempo en no importa qué parloteos. Porque si no paso el día charlando o paseando me muero de aburrimiento […]. Errar o divagar, ¡eso es lo que me da fuerzas! Oír cuentos, ver noticias, ¡qué dicha para mis ojos! Me gustaría que todos los días hubiera cambio de autoridad, nuevas leyes, cambios en las instituciones, para con esos cambios conseguir algún remedio a mi aburrimiento. Porque me horroriza todo lo que dura; aborrezco lo que siempre permanece igual.

Galand de Reigny en Parabolaire 16, 7 (SC 378), Cerf, París 1992, pp. 279-281

Frenesí por la novedad, traduzco, búsqueda permanente del cambio, inestabilidad, la eterna necesidad de cambiar. Como ya no escribo reseñas, sino que rozo un libro de este modo, pico de allí y relaciono con el de allá, me quedo tranquilo cuando escribo solo estas letras sobre este librito. Si tienes curiosidad por el tema te harás con él, lo leerás y me lo agradecerás. Para que no te sea difícil encontrarlo te indico quién es su autor: Jean-Charles Nault.