Tropo 88: El silencio

Y es que un árbol, como un hombre, puede escaparse de la vulgaridad simplemente por callar.

Antonio Lucas en “El silencio lo ocupa todo”.

Ayer Trapiello dijo algo en una entrevista que vi en YouTube. Tumbado en el sofá, a las 2:55 de la madrugada. Solo estaba yo, y el calor. Él seguía en Youtube, respondiendo a las preguntas de un entrevistador calvo, muy calvo, sin que esta apreciación signifique desprecio, no, claro, junto a la melena que lucía Trapiello el entrevistador calvo era más calvo. Cómo somos los españoles. Negros.

Le preguntaban que qué era lo que más le dolería que robasen en su casa. Trapiello, en milisegundos, respondió que el silencio, que le robasen el silencio sería desastroso.

Quién no conoce aquella respuesta de Delibes en la que aseguraba que se había acostumbrado a escribir rodeado de niños e interferencias.

Es quizás, en la época estival, lo que más echo de menos. El silencio, el aniquilamiento de la interrupción, humana o digital. Sabes que existe un estado perfecto de quietud y silencio que te proporciona pensamiento a raudales. Y escritura.

Soy más de Trapiello que de Delibes. Por eso, cuando no hay manera, huyo a una biblioteca o a un sagrario. ¿No se contruyó Salinger un búnker donde permanecía días sin salir? Ya, lo sé, de yo a Salinger… Pero qué bien se escribe en las bibliotecas y en un rincón en la penumbra de alguna de las iglesias que frecuento. Aislado del hombre, aislado del artilugio digital, con tu sombra como perro guardián, elucubrando, pensando, escribiendo sin parar sobre un papel, con una pluma; esto es placer.