Tropo 80: Es el topos, bonita

Dibujo de la portada de "El arte de la memoria", de Frances A. Yates recogido el 22 de agosto de 2016 en el cuaderno de agosto de 2016

“Casa con dos puertas, mala es de guardar” es lo primero que apuntas el viernes en tu cuaderno. Ni sabes de dónde ni sabes de quién. Mal. Justo después de esa cita encuentras apuntada una tarea en la página 143 que llenará de palabras este tropo. Reza así: “revisar sistema memoria/números”. De dicho sistema escribirás otro día, si se presenta la ocasión. Siempre que vas a empezar una temporada larga de estudio repasas alguno de sus puntos.

La tarea te hace recordar una anécdota que leíste en un virguero libro sobre la memoria. En él se recorrían los sistemas de memoria que habían surgido a lo largo de la historia: El arte de la memoria, de Frances A. Yates. Hoy, incluso, has encontrado una flojita reseña en “El Cultural” de hace catorce años.  

El libro se abre con una anécdota que utilizas con cierta frecuencia en tus clases cuando tratas de hablar de cómo memorizar mejor y cómo utilizar algunas reglas nemotécnicas. La anécdota es tan gráfica que entienden enseguida cómo funciona y cómo se utilizaba la memoria hasta que la imprenta hizo estallar esa necesidad de retener tantos datos. Como quedaban escritos y eran accesibles…

¿Por qué llamas tópico a un lugar común? Porque topos significa lugar. Pero no sigues por ahí porque quieres presentar a Simónides de Ceos, nuestro protagonista. Simónides fue un poeta griego que fue invitado al banquete que se daba en honor de un famoso púgil del momento. En un momento de la fiesta avisaron a Simónides de que alguien lo esperaba en la puerta. Simónides salió, pero no encontró a nadie, por lo que regresó a la sala donde todos seguían comiendo, pero justo antes de llegar, la sala se derrumba y mueren todos los comensales.

Tras la tragedia, le preguntaron a Simónides, que fue el único superviviente, si podía decir quién había en la fiesta, pero en un principio no fue capaz de recordar nada. Fue después de un rato cuando pensó que si conseguía visualizar el lugar (topos) donde se encontraba cada invitado, reconocería con la mente y gracias a la memoria a cada comensal. Junto a esa columna estaba… Sentado en el segundo escalón había… Los recordó a todos.

De esta manera Simónides de Ceos descubrió un método nemotécnico que hoy en día se conoce como “Topos de la memoria”. A partir de este hecho, la autora de El arte de la memoria, Frances A. Yates viaja a lo largo de los siglos para desentrañar cómo se ha utilizado y potenciado la memoria con la asociación de imágenes y lugares. Espectacular.

Por este motivo, a día de hoy, los que fueron mis alumnos de segundo de bachillerato, reconocerían en el perchero del aula uno de los rasgos del estilo literario de Pío Baroja. Uno de los ganchos del perchero donde colgaban sus chupas tenía forma de O que es la última letra del adjetivo “cotidiano”, característica estilística del lenguaje de Baroja. Un día me acerqué al perchero, mientras explicaba el estilo de Baroja, les hice imaginar un letrero con la palabra “cotidiano” y la colgué. Supongo que el adjetivo seguirá ahí, colgado y lleno de polvo, y en su imaginación, claro, para toda su vida; es el topos, bonita.

Vínculos en este tropo: El arte de la memoria (afiliado) | Reseña de El arte de la memoria en el “El Cultural” de 2005.