Tropo 46: El encuentro

Es el encuentro con la idea sugerente lo que promueve tu escritura. Es el encuentro con esa idea que se presenta sin ninguna solicitud. Es el encuentro, en definitiva, del extrañamiento cotidiano que te permite, al final, escribir un texto con cierto desparpajo. Así, hay quien articula una pequeña obra maestra con una exnovia, un fotógrafo amigo, un Instituto de la Memoria, un probador (hombre) de zapatos, varios informes, o reportes escritos sobre los zapatos, la precariedad económica, una peluquera, una antigua amiga que se convierte en amante cuando rondas los cincuenta, una señora abducida por ese Instituto de la Memoria, la profundidad cotidiana y dos escenas deliciosas de sexo bien escrito, como William H. Gass decía que había que hacer en Sobre lo azul. Pero estás aquí, en la biblioteca del lugar donde trabajas. No tienes clase, pero tienes una hora de esas raras. Sacas el cuaderno y escribes. Rompes. Eres agraciado por ello. Si todo va bien, trabajarás siempre en lugares que contienen bibliotecas: quien persigue lo consigue. Menos cafeterías y más bibliotecas; menos bares y más bibliotecas; menos pantallas y más bibliotecas. Y te guiño un ojo. Qué salto tan espectacular daría la sociedad. ¿Por qué te crees que ardió la biblioteca de Alejandría? Tú, en serio, responde, ¿por qué crees que ardió? Y así, desde entonces.

*Demás tropos*

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