Tropo 22: Examen final

Empiezo este tropo como ayer, en la esquina de un folio “sucio” con un sello que reza “bien, sigue así”. Son los sellos que utilizo para marcar los folios que entrego en los exámenes. Después de un intento de sustitución de folios entregados por folios manuscritos desde casa, no me quedaba más remedio. Voy alternando los sellos. Mañana, en el examen simulacro de Selectividad no sé si utilizar el “muy bien”, “excelente” o “genial”. Quizás una combinación de dos, o de tres. No lo sé y aquí no lo voy a desvelar. Me leen.

Ayer, cuando transcribía lo que había escrito al documento de Word donde estoy almacenando todos los tropos, me di cuenta de que no tuve que cambiar ni una coma ni una palabra. Es decir, que lo que había escrito no necesitaba ninguna enmienda, ni parcial ni a la totalidad. Me quedé después, por la noche, pensando sobre el hecho y me pregunté por qué. A diferencia de si lo hubiese escrito directamente en ordenador, os aseguro que hubiese tenido que modificar y reescribir parte escritas. De hecho, me resulta muy tedioso corregir directamente en Word; es más, me repugna la tarea. Por ese motivo siempre que escribo a mano sé con antelación que las correcciones van a ser muchísimas menos. Percibo, cuando escribo a mano, que a las ideas no solo les da tiempo a llegar sino que les sobra para acomodarse y salir por la punta del bolígrafo con corbata o maquilladas. Hoy lunes, a diferencia de otros lunes, he optado por escribir también este tropo así, manuscrito. De hecho, lo escanearé por si alguno quisiera buscarme las cosquillas; pero que no pierda el tiempo, que no merece la pena.

Hablando de manuscritos. Hoy me entretuve en transcribir lo que dice, o decía Juan Manuel de Prada en torno a la cuestión. Él, como otro autor al que voy a hacer referencia al final del tropo de hoy, siguen escribiendo a mano. Sí, desde luego, es un tema por el que tengo cierta fijación. Por él y por todo el material que utilizan los escritores para producir los fuegos artificiales de su ficción. Por ese motivo esta mañana, durante el recreo, transcribí parte de la conversación, o parte de las declaraciones que el escritor hacía al equipo de Ámbito Cultural. De hecho, escribiendo en el buscador de Youtube “juan manuel de prada ámbito” este os ofrece como primer vídeo el que señalo, con más de veintidós mil y pico visualizaciones. A partir del minuto y veinte o así, Juan Manuel de Prada afirma:

“Siempre he escrito a mano. Todas mis novelas están escritas a mano. Escritas siempre en papel de fotocopias o en papel de correspondencia, circulares que me llegan a casa. Escribir con ordenador me cambia, me cambia el estilo. Me cambia la actitud ante la escritura. Normalmente los artículos los escribo a ordenador. La literatura de encargo la escribo con ordenador. La literatura más puramente creativa sigo escribiéndola a mano. Hay una transmisión más directa y más verdadera entre lo que quiero escribir y lo que escribo cuando escribo con bolígrafo”.

“Entrevista a Juan Manuel de Prada (Ámbito Cultural)”

Después de releer esta cita aquí, escrita y apresada para siempre –hasta que el folio arda o alguien lo tire al contenedor azul— me entran unas ganas enormes de experimentar y comprobar si es verdad “esa transmisión directa”, ese conseguir escribir “lo que quiero y lo que escribo cuando escribo con bolígrafo”. Desde luego que has de disponer de tiempo, ese tiempo que parece que hoy se quiere recuperar, alcanzar yendo más deprisa; pero no, ir más deprisa, escribir más deprisa termina configurando trampantojos, fantasmas y entelequias. Pero por otro lado, y como comprobé ayer, no tengo que corregir casi nada; uno, no se trata de literatura y dos, no hay ninguna finalidad editorial, por lo que podría retarme a escribir no solo un tropo diario, sino además hacerlo de manera manuscrita.

Para acabar, hoy le he preguntado a José María Pérez Álvarez, después de leer en su “Aviso y agradecimientos” de su novela Nembrot, si lo que hay escrito, el sentido de la palabra “manuscrito” era o tenía un sentido literal, sin connotaciones. Y me ha contestado que sí, que “a pelo”. Lo que dice, o reza en su nota introductoria es: “La edición actual de la editorial Trifolium recupera los capítulos autocensurados entonces. Esta versión se ciñe, pues, al texto manuscrito a lo largo de una década y recupera el título original: Nembrot (Transmigraciones y máscaras)”. A lo que yo, después de que José María me contestara que sí, que “a pelo”, que fue manuscrita literal, literal, dije: “Ni lo dudaba. Y se nota, o lo percibo; hay una relación muy natural con la literatura quienes escribís así, no sé, como que no sois escritores que habéis nacido peinaditos y cortados por el mismo patrón. Tengo ganas de hacerte el EXAMEN FINAL. Ya te contaré”. Acto seguido, me metí en Iberlibro y adquirí por 11,13 € esa obra: Examen final, de José María Pérez Álvarez.

*Demás tropos*

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