Tropo 7: Escribir todos los días

“Puedes utilizar las palabras para manipular el mundo y hacer que te proporcione lo que quieras”. J. B. P.

Me resulta asombroso comprobar cómo, después de seis piezas como esta, me sorprenda en algún momento del día elucubrando sobre el “de qué voy a escribir”, el “cómo lo voy a enfocar” o pensando simplemente en el “qué duro se puede hacer esto de escribir todos los días”. En ocasiones, y no quiero mentir a nadie, pienso en la mierda que va a salir, pero llegar a esa conclusión no me corresponde a mí. Por eso lo que hago es escribir y vaciarlo aquí.

Sí, esto nació como un reto personal. Quería, por decirlo de una manera coloquial, sufrir en mis carnes el trabajo que desarrolla un escritor, sin ser, evidentemente, un escritor. Escritor es un término similar a “cosa”, “poco”, “mucho”, entra lo que tú quieres que entre y así, por ejemplo, un escritor puede ser un escritor de relatos, un articulista o un tipo que, como Pynchon, se dedicaba a redactar o revisar manuales de instrucciones de aviones. Hay escritores, por ejemplo, que una vez han adquirido el estatus de escritor, porque han publicado una novela, han escrito tres artículos y han abandonado su blog, se dedican en cuerpo, tinta y alma a escribir solo tuits. Son los que más pena me dan.

Pero no me quiero desviar del tema, y no me quiero desviar porque lo primero que hago al empezar a escribir estos textos es colocar el temporizador del reloj o del móvil en 30 minutos. Sí, quizás haga trampa y haya días que amplíe a 40′, o porque tenga abierto el cuaderno con dos o tres ideas que me sobrevinieron mientras colocaba los platos en el lavavajillas, tendía la ropa en el patio o tomaba un café en la Colombiana de la Carrera, pero no puedo ni quiero destinar más tiempo a este ejercicio y para abreviar recurro a las notas y apuntes que suelo tomar durante el día en el Bullet Journal o cuaderno de toda la vida. Hoy iba a hablar -tenía apuntado- sobre una editora que hay en Twitter que se cree madre superiora Moral, pero será otro día. Dice que solo los filólogos pueden hacer crítica literaria. Me mondo. Sé que va a seguir regalándome más perlas tuiteras y yo ya, me he acostumbrado a decir la verdad porque cuando no sé qué hacer cuando no sé qué hacer lo resuelvo así, diciendo la verdad, o mi verdad, al menos. Otro día, insisto.

Lo de Pynchon, ahora que lo pienso, no sé si es del todo verdad. Lo buscaré para certificar su veracidad. Pero visto desde esa perspectiva, si bien puede ser falso, sí podría ser verosímil. Era fácil que lo fuese. Si no existiera la verosimilitud no existiría la ficción.

En definitiva, la idea era escribir todos los días y publicar el resultado aquí, en el blog, como si de un entrenamiento se tratara, incluso de una experiencia mística. Podría escribir todos los días y no publicarlo, pero entonces, lo reconozco, no escribiría. Solo me plantearía hacerlo así si empezara una novela, o algo por el estilo, pero ¿cómo podría alcanzar ese objetivo si no soy capaz de escribir todos los días primero? Lo esencial era bregar, asentar una rutina. Sin rutinas no hay camino hacia nada. Porque quiero escribir más, he empezado así. Quería experimentar la dificultad que supone escribir todos los días un texto medio coherente, con algún tropito. Por ahora, no voy a mentir, no estoy nada descontento. Hay tropos que se están leyendo más de lo que pensaba y doy este dato porque están consiguiendo un número de visitas elevadísimo. Me sorprende. Desconozco los porqués aunque supongo que se están compartiendo por ahí, pero no tengo Facebook porque, como les dije el otro día a mis alumnos, Facebook me da asco. Y es verdad, Facebook me da asco.

Si lo consigo, me reconoceré como la tercera persona que escriba todos los días en su blog. El “todos los días” es la piedra angular, os recuerdo. Así, por ejemplo, Alberto Olmos lleva escribiendo todos los días desde el 1 de octubre de 2013 y el Padre Fortea hace lo mismo desde noviembre de 2006. Los leo con cierta regularidad y el contenido de sus textos me entretiene muchísimo, incluso a veces, me fascina. Tan distintos, pero con un atractivo común, el del sine die, el “sin fallar ni un solo día”. Y eso, atrae. ¡Aplaudid! ¡Enhorabuena!

*Demás tropos*

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