Tropo 1: El inicio

En realidad, da igual quién haya ganado las elecciones, le decía hoy a Carlos P., alumno de primero b, que quería saber qué tal me había parecido el resultado de las elecciones del 28A. Da igual quién haya ganado, Carlos, lo importante es continuar trabajando y seguir haciéndolo así, bien, de manera responsable, y de manera individual. Tu responsabilidad individual comentando el texto que tienes delante redundará en todos, créeme. Es la mejor opción que tienes para ayudar y colaborar con la sociedad; porque mejora si mejoras tú, que es de lo que se trata, ¿no? La respuesta le ha servido. Había sido una respuesta espontánea y la recordaba ahora, mientras cenaba con mis hijos de quince y diez.  Después, les contaba, me dirigí a toda la clase y les dije algo así: “Mirad, ¿depende de nosotros el resultado global de las elecciones, depende el resultado global de tu, mi voto individual? ¿Que tú hayas votado a Vox, o a Podemos y que haya ganado el PSOE depende de ti? No. Pues tenedlo clarito: lo que no dependa de vosotros, no ha de preocuparos”. Pontificador andaba hoy. No me gusta sermonear en el aula. Me da asco hacerlo. De hecho, cuando me sorprendo, cambio el paso enseguida, pero si me preguntan, contesto con naturalidad. Tomarse estos asuntos a lo Epicteto.

Esta tarde, mientras tomaba café, Kenko me reconfortaba con otros textos. Pero elijo este porque ha sido causa de que estés leyendo este primer texto, este primer tropo. ¿Qué tropo?

Pero que no digan que no tengo necesidad de repetir lo mismo con palabras nuevas, porque si no expresara lo que aflora en mi mente creo que me inflamaría el vientre de irritación y de cólera. Así que prefiero dar rienda suelta a mi pluma; faena inútil y digna de lástima. Estos papeles están destinados a la papelera y en ellos no se detendrá el ojo de nadie.

Yoshida Kenko en Tsurezuregusa. Ocurrencias de un ocioso.

De Kenko tengo otra cita, que escribo para justificar la foto de los tinteros:

En medio del ocio, en este océano de paz, paso los días inclinado sobre mi tintero, tratando de recoger en el papel las descabelladas ocurrencias que cruzan por mi mente. Yo mismo me he quedado sorprendido de tantos desatinos.


Yoshida Kenko en Tsurezuregusa. Ocurrencias de un ocioso.

El libro de Kenko lo encontré al azar, mientras recorría el viernes pasado los pasillos de la biblioteca pública, esa Book Land profusa, de maná sabroso e infinito.  Este contemporáneo de Juan Ruiz, el arcipreste de Hita, me transmite demasiada paz. Y por eso lo he traído hoy aquí para abrir esta serie que espero sea larga.