8.38, de Luis Rodríguez

Reseña extraída de la página 15 de la revista Soporto Tropos nº 1

Todo Luis era literatura

Dice Peterson en su regla número 7, que el deux ex machina es el truco más barato que puede utilizar un escritor. Dicha regla reza: “Dedica tus esfuerzos a hacer cosas con significado, no aquello que más te convenga”.

Luis Rodríguez certifica su muerte, anfibología donde las haya, con esta novela, pero ¿qué novela?: DEUS EX MACHINA ha muerto —Luis Rodríguez.

Deicidio narrativo. Era necesario para construir una novela plena de significado, que busca los resortes para alcanzar la meta de la vida por sí y en sí, como ya consiguió —analogo— Shelley con Frankenstein.

8.38 es una novela que atiende al significado de sus resortes más que a la conveniencia de una historia que busca vender, que se vende y que no se prostituye en   bestseller (algo sin significado). Ahora se supone que debo escribir: lee 8.38. Lo escribo

Sí, es una literatura extraña. Y es extraña porque Luis Rodríguez inyecta en ella la misma sangre que permite a la literatura ser y estar viva. Enciende su corazón, arranca el motor, y toma como pretexto la palabra meta para alcanzar la victoria. La palabra meta. La palabra meta como prefijo: meta-, la del después de.

Jugar con los mimbres con que se fabrica una novela ha sido divertido. Son los mismos mimbres con los que funciona la memoria. Dicen los expertos que cuando se estudia, no hay mejor opción que dejar huecos para que el cerebro rellene, complete. Porque está demostrado: los datos que mejor se recuerdan a largo plazo son los que su eliminación los ha hecho visibles.

Mi imposible no me abandona jamás, dijo Paul Valéry. Es incluso lo que pudo pensar Klaus, el pirata de la imaginación de Luis, cuando solicitó, tras ser capturado y juzgado, que dejasen libres a tantos hombres de su tripulación como pasos diera sin cabeza. El resto lo hace la literatura: ves al pirata y te sorprendes contando los once pasos que Klaus dio sin cabeza antes de tropezar con el pie de quien lo juzgó. Hijo de puta.

La buena literatura no es un trasto. La literatura de Luis Rodríguez es una transformación hacia un juego narrativo que busca la meta; o la teta y la leche que mana del pezón de la imaginación del autor. Qué dulzura, cuánto placer.  Empiezas y no ves el final, hasta que cierras el libro. Sí, es libro de un tirón.

La literatura de Luis Rodríguez constituye una de las voces contemporáneas más personalísimas y originales del panorama literario actual. Mancha, y mancha porque es guinda sabrosa que se deshace en la imaginación, y que de eso se trata, de no tachar la literatura: ser ficción es más coherente que ser real. ◄ST►

8.38 está editada en la editorial Candaya.

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