Yo había venido aquí a hablar de mi colofón

Antes de escribir el colofón para el primer número de Soporto tropos, me he dedicado a releer algunos colofones sueltos por ahí. De revistas antiguas y de libros. El colofón, me he percatado, es una práctica de las revistas más antiguas y menos frecuente en las que se publican hoy. Esto no será obstáculo para que Soporto tropos cierre siempre con un colofón. En los libros suele ser más habitual. De hecho, he de confesarlo, soy fan de los colofones, qué cojones, de la editorial Jekyll & Jill, y de algunas otras más. Son guindas de pastel.

Pero a mí los colofones que más me gustan son los que incluyen alguna anécdota, o glosan algún significado, o se reinventan un breve texto. Son los más deliciosos. Son prácticas editoriales que se están perdiendo, pero que otorgan una singularidad extrema a la pieza que se edita. Y el “Edición de 1000 ejemplares. Ejemplar número tal” es el colmo de los colmos. Doble golosina. Hoy, gracias a Dios, son las editoriales independientes, las editoriales con verdadera pasión editorial, las que practican el colofoneo. Que no decaiga la práctica, queridos.

Martínez de Sousa definía así el colofón en su Manual de edición y autoedición (Pirámide, 2008): “Aunque cada vez es menos habitual, algunos autores o editores no renuncian a colocar, al final de la obra, una breve anotación en que generalmente se registra la fecha, lugar, empresa y, a veces, festividad del día en que se imprimió, a imitación de los libros antiguos”. 

Ha quedado claro que a mí me gustan los colofones; más si incluyen anécdotas. Por eso en los colofones de Soporto tropos se buscará con ansia ese detalle. Si al editor de Soporto tropos le bailan los ojos con esos detalles, el editor de la revista Soporto tropos incluirá colofones con esas características.

Por este motivo, en el colofón del primer número de Soporto tropos hay una referencia al desastre de la Catedral de Notre-Dame. De hecho, mientras lo redactaba, estuve alternando entre colofón y torrente, el de Twitter, para ver qué se decía. Una tragedia de ese calibre quedará registrada en el colofón de una revista de literatura. Así que, lo reconozco, a mí me pillaron redactando un colofón mientras ardía Notre-Dame…  

Aquí está el colofón. Subo un recorte -no creo que haya más cambios-. En esta última página de Soporto tropos relacionaré también a los escritores y artistas que han colaborado en el número: ¡gracias! Son poquitos en este primer número, pero gracias, chicos, chica. Insisto. A todos y cada uno.

Ayer ardía Notre-Dame y esta mañana recibía el ISSN (2659-7349) de la revista. Me encontraba esperando en el taller a que el coche pasase la revisión. Allí, mientras la máquina del café me servía un cortado, tecleaba en el teléfono un correo agradeciendo a Patricia, de la Biblioteca Nacional, la gestión del ISSN (qué gente más amable hay en la Biblioteca Nacional, por Dios). Solo quedaba pendiente enviarle un ejemplar, pero me ha dicho que cuando esté publicado. Así que lo primero que he hecho cuando he llegado a casa ha sido coger el libro que tengo entre manos e irme con mi hijo R. a la alameda a leer, previo café y charla padre-hijo semanasantera. Gozos del día a día. No solo de lecturas vive un editor. Después, sí, después me entretuve en generar el código de barras ISSN que ha de aparecer, por lo visto, en la portada o contraportada de la revista. Hecho. Ya lo verás que chulo ha quedado. Bueno, en realidad es algo muy simple. 

Definición de Jorge de Buen Unna en Manual de diseño editorial (Trea, 2008)

Nada queda sino mejorar el próximo número de la revista: el número 2 de Soporto tropos. No ha salido el primero -recuerda, lo hará el 23 de abril en esta página- y ya estoy pensando en el segundo. Eso sí, he encontrado demasiadas fallas, detalles, menudencias, defectos que revelan que no soy un profesional de la maquetación y el diseño, ¡pero ninguna errata! Siento cierta vergüenza, pero he de revelar que lo que más me importa ahora es el contenido. La apariencia irá mejorando, por supuesto, pero poco a poco. Es algo que tengo que mejorar sí o sí. Publisher me basta y sobra para una revista con tanto texto, pero he de, por ejemplo:

  1. Utilizar mejor los blancos de cortesía
  2. Reducir el tamaño de la letra de los artículos
  3. Enmarcar de alguna manera las fotografías. Separarlas algunos milímetros de la columna texto.
  4. Ampliar los márgenes. 
  5. Ampliar el tamaño de la letra del título de la portada
  6. Buscar una serif que no sea tan picuda. 
  7. Combinar el formato dos columnas con el de tres. Incluso con el de una y arriba foto grande.
  8. Empezar a elaborar un libro de estilo. Esto me parece fundamental. El primer apunte será explotar al máximo el color favorito: verde cobalto
  9. ¿Sangrar los párrafos? Tengo que valorar este punto. El párrafo alemán me parece muy rígido, pero da elegancia. El párrafo francés está desechado. No sé, le doy vueltas. 
  10. No habrá espacios entre párrafos. Esto solo se da en la web, no en las publicaciones. No lo olvido. 
  11. Componer el bloque texto y fotografías de la página con más líneas base y guías. 
  12. Necesito más blancos en la publicación, más, como se dice técnicamente, contragrafismos. Incluso más blanco entre palabras. Tengo que estudiar y analizar cómo resuelven esto otras publicaciones. 
  13. Quimera justifica columnas, Mercurio, por ejemplo, combina páginas justificadas y otras sin. E Ínsula. Ese detalle se me ha escapado. Todo al número 2. 

En definitiva, yo había venido aquí a hablar de mi colofón y sí, realmente estaba escribiendo un colofón, pero en realidad lo que estaba haciendo ayer a las once y pico era abrir una nueva etapa personal. A ver si lo consigo. Me fascina la buena literatura, me fascina la edición, y no se me ha ocurrido mejor manera de darle forma a esta pasión que empezar a editar, de la manera más artesanal posible, Soporto tropos, revista artesanal de literatura y arte la letra.

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