Editoriales ayunas de todo criterio y sin garantía literaria

Olivia es una alumna que lee más que sus compañeros. Además, sigue con cierto interés las clases de Lengua y Literatura de segundo de bachillerato en la Escuela de Arte José Nogué. Se pinta las uñas de negro y escribe sonetos con un bolígrafo bic. De vez en cuando se le escapa un pareado, pero da igual, no cuenta para la nota. Estos datos, como habrán supuesto, son innecesarios, pero quiero que me crean: se llama Olivia, de verdad, de verdad. Olivia Lorca, Lorca es su apellido de mentira.

Olivia me quiere y yo la quiero, pero por otros motivos. Ella me quiere porque soy su profesor de Literatura y yo la quiero porque aparece en clase con textos sugerentes, descocados que a mí, en alguna ocasión, me han revuelto loco. No sé de dónde los saca ni cómo da con ellos. Por eso le pregunté por ellos el otro día y me contestó que de Instagram, pero yo no le creo. Después de una sonrisa me lo reveló: “De Twitter, profesor”. Vale, ahora sí le creo. Le preguntaré otro día cómo da con tan valiosos hilos azules en Twitter. Olivia tiene 18 años y se pinta las uñas de negro.

Así que, presentada Olivia, resta presentar el texto que me trajo. Es de Lorca. Me vino muy bien, porque íbamos a empezar el tema del teatro de principios de siglo hasta 1939 y fue, desde luego, un texto pertinente. Y si no, lean:

Un teatro sensible y bien orientado en todas sus ramas desde la tragedia al vodevil, puede cambiar en pocos años la sensibilidad de un pueblo […] Yo oigo todos los días, queridos amigos, hablar de crisis del teatro… Mientras que actores y autores estén en manos de empresarios absolutamente comerciales, libres, y sin control literario ni estatal de ninguna especie, empresas ayunas de todo criterio y sin garantía de ninguna clase, actores y autores y el teatro entero se hundirá cada día más sin salvación posible… […] El teatro se debe imponer al público y no el público al teatro. Para eso autores y actores deben revestirse, a costa de sangre, de gran autoridad […] Al público se le puede enseñar -conste que digo público, no pueblo-; se le puede enseñar porque yo he visto patear a Debussy y a Ravel hace años, y he asistido después a las clamorosas ovaciones que un público popular hacía a las obras antes rechazadas. Estos autores fueron impuestos por un alto criterio de autoridad superior al del público corriente, como Wedekin en Alemania y Pirandello en Italia, y tantos otros.

–Lorca
Página de Los Reconocimientos de Gaddis donde se escribe Los Reconomientos, libro editado con criterio literario

Este texto, además, me servía para fijar más argumentos contras las hordas Defreds y revelar que no es artista quien se pliega a los gustos de público. Valle, por ejemplo, perdió la cuenta de las veces que desechó cambiar sus obras para que fuesen representadas. Así, y por eso, escribió lo que le daba la gana. Así, y por eso, sigue representándose con éxito en 2019. ¿Qué, fue, por el contrario, de Benavente?

Con este texto también presenté a Ben Marcus. El texto también era un argumento contra mi particular cruzada contra las editoriales ayunas de criterio literario, contra esas editoriales que se vendieron al público y al mercado, claro; no saben imponer a ese mismo público cierta autoridad literaria.

Gracias, Olivia. Feliz día de Andalucía.

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