Quieren los dioses ser de carne en la historia de un alma

«Quieren los dioses ser de carne, / llevar gafas de sol, viajar en Audi / con el rostro bronceado, cuello duro / gemelos de Piaget, corbatas de Silbon, / y dar por liquidados viejos sueños —radiactivos, casposos, sin audiencia— / a cambio de un instante amenazado / por triviales placeres / de edición limitada en noches blancas.»

Los libros, encima de una mesita de noche, se acogen a la ley del más fuerte. “Yo le di más”, “yo le influí mejor”, “yo le marqué de por vida”, parecen dirimir sin nuestra supervisión. Es evidente: hay libros que permanecen junto a nosotros meses y noches, años y días. No pueden negarlo. Es verdad. Levántense, si no me creen, y cuenten cuántos libros reposan encima de su mesita. Libros, en algunos casos, que llevan ahí desde que comenzó el año año pasado. Es verdad.

Son libros que consultas siempre y a deshoras, a esos me refiero. Libros de poesía como el que he terminado de leer hoy, Historia de un alma, de Antonio Praena. El artículo indeterminado, indefinido si lo consabes con otro interlocutor, es lo primero que llamó mi atención. Esa minúscula pieza gramatical atrajo mi atención antes que la Kawasaki que ilustra la portada. Un alma de cualquier lector de este poemario; multipremiado: el crítica de Andalucía, el crítica de Valencia y el Gil de Biedma. ¡Enhorabuena, Antonio!

El poemario lo depositaré en la mesita de noche. Distingo, porque leo poca poesía, la buena de la menos buena; pero voy a leer más, porque cuando lo hago respiro mi existencia. Pienso que este libro de poemas es un sabio libro de poemas. Pongo el adjetivo delante, para que te impresione. Y es un libro sabio por su ímbrica (-dísima) conexión con tu realidad, incluso con la mía; vivimos y residimos en el siglo XXI.

Praena restituye yoes olvidados. Para ello suprime primero el suyo; su yo. Su yo no existe, el yo biográfico, tan identificado hoy ¡y sine die! con el yo lírico de tantos libros de poetas y poetisas, se dispersa, se volatiliza. Y atrae, este matiz me atrajo desde el principio. A mí, que no suelo leer poesía, me redujo.

Antonio restituye en Historia de un alma otro yo porque se acuerda de nuestra alma. Incluso de la tuya. No es todo sino la historia de un yo nauseabundo y colmado de placeres que se depositan, al final de la vida, en un bote de ceniza. “Funerales” es una pieza brutal. Léanla.  

Este poeta se ha interpuesto en mi camino y me ha convencido de que si el ser humano aspiraba al éxtasis ha de hacerlo mediante la poesía. Este conjunto de poemas se asemeja a una de escritura de nuestro mundo. Las palabras, así dispuestas, poema tras poema, nos documentan.

Si lo decía un grafiti: “El tiempo es el mejor lector”. Y yo con el grafiti lo repito: el tiempo es el mejor lector de todo.

El libro me ha parecido una maravilla. Es, quizás, una manera simple escribir “me ha parecido una maravilla”, pero me da igual. Lo único que buscaba cuando abrí la primera página fue saciar mi sed de absoluto; como hubieras hecho tú. Y bebiendo ando.

Me enteré del libro el mismo día de la presentación a través de una publicación que dejan todos los meses encima del mostrador que hay al entrar en el edificio donde trabajo; una publicación que nunca leo, pero que justo ese día, un 6 de febrero de 2019 cogí y abrí al azar para leer, lo primero, lo más primero, si me lo permiten:

Anuncio de la presentación del libro Historia de un alma, de Antonio Praena

Asistí. Me redimí con la poesía. Y permítanmelo todo: una puta maravilla.

FIRMA DE INVERSIONES

Nunca pensé en quitarme la vida
                              MARK MADOFF

Muy bien, el tal Madoff,
Mark Madoff, Madoff hijo,
se vuela la cabeza justo al lado
del cuarto donde duerme su bebé de pocos meses.
Las escayolas neoyorkinas se han cubierto
de trozos de cerebro y sangre fresca
--según el texto del catálogo,
compuesto con recortes de la prensa,
donde el joven artista se retrata de espaldas--.

Respondo que en Madrid este montaje
no tendrá el mismo impacto.
Me objeta que la sangre y el dinero
son algo universal, y --aparte del motivo--
hay algo griego en esta historia
muy del gusto de nuestros fondos culturales.

Cierran la exposición un traje y pedacitos
de espejo con turullos de billetes:
un motivo ochentero
muy pasado de moda --no es moderno drogarse,
según los nuevos brókers
que ahora prefieren el boxeo
de cuello blanco en clubes exclusivos--.

Pero la historia del bebé, las impecables
paredes estucadas, los armarios
repletos de zapatos y carteras,
cinturones a juego, los pañuelos
de Hermés, dan al montaje
un aire seductor de inspiración publicitaria,
de contención inasequible,
masculina en el fondo y la figura.

La instalación y el video que le explica
no ofrecen juicio alguno sobre el acto
ni juicio sobre el juicio de otros actos
y otras formas actuales
de quitarse de en medio.

                         En realidad
no hubo revólver ni había drogas,
sino una simple cuerda de alpinista.
¿A quién le importa eso?:
el arte postverdad se dirige a las vísceras.
Es algo semejante a la erección de los ahorcados:
una especie de espasmo de otro orden
que no puede mancharnos con su muerte.
Tampoco decir nada. Sólo es arte,
puro arte,
la inversión de una firma de inversiones
más allá del sujeto y su contexto.

Tras alguna consulta,
la exhibición no se verá en España:
coincidencia de fechas.

Antonio Praena en Historia de un alma,
XXVII Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma.
@APraena (TW) | @antoniopraena (IG))

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