20181128 Quisiera rajar mi corazón con un cuchillo

Cuando pruebas lo bueno, sigues, no paras. Así sucede con estas últimas entradas “Veinte líneas al día, geniales o no” del blog. Daré por finalizada la experiencia de escribir todos los días durante treinta días para comenzar otra, que no sé ahora en qué consistirá. He honrado a Nanowrimo, pienso. Está siendo una rutina agradable, buena y hasta cómoda, porque estoy escribiendo las entradas desde la aplicación de WordPress del iPhone, sentado en el sillón y escuchando -ahora- “Paisaje nocturno”, de Radio Clásica. Cuando acabe de escribir esta entrada me comeré un rosco de anís de Productos Campos, de Arjona, en Jaén.

Pero hoy quería seguir hablando de las clases de Literatura Universal. Soy partidario, en este tipo de asignaturas, muy muy partidario, de que los alumnos investiguen y expongan. Vamos, que sean ellos los que me den la clase ateniéndose a unos parámetros sobre el fondo, la forma, y por supuesto, al feedback que reciben de mi parte cuando finalizan la exposición. Hoy Pilar nos ha ilustrado sobre los goliardos y se ha marcado en la pizarra un virguero esquema sobre el que apoyaba sus palabras. Grata sorpresa. Como son cuatro horas a la semana, destino dos a la teoría y dos a nadar entre textos. Es donde mejor nos lo pasamos. Hoy, de hecho, he propuesto que, como estamos en una escuela de Arte, dibujen, creen algo inspirado en estos dos textos extraídos de El collar de la paloma. Les han parecidos alucinantes:

Andrea, una de mis más artísticas alumnas, ha empezado a esbozar mientras glosábamos y comentábamos los textos. El resultado ha sido este:

No lo dudes, expondré aquí los trabajos, si se animan.

Seguro que Andrea tardará en olvidar ese “Quisiera rajar mi corazón con un cuchillo”. Mishima sobrevoló la estancia mientras leía el poema.

El segundo texto lo desgranamos entre la complicidad y la excitación de la imaginación. Daba para jugar; y para más.

Me lo paso pipa, dije ayer. Demasiado padrísimo, digo hoy. Hablar de literatura CON los textos, ofreciéndoselos a mis alumnos como alimento para su seso e imaginación es un trabajo apasionante. Creedme.

Mañana, seguiremos rodando. Ya os contaré.

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