20181126 Teresa: ¡Manuel!

Sigo con Versiones de Teresa, de Andrés Barba. No sé si te sucede a ti, pero a mí, los libros que he leído de este autor me resultan desagradables. Si bien están muy bien escritos, los mundos en los que se adentra tienen ese punto oscuro, desagradable. Este, por ejemplo, trata un singular triángulo; el establecido por Verónica, su hermana Teresa, que es subnormal, y Manuel, que fue monitor de un campamento para niños subnormales. Aparecen algunos personajes secundarios también. Sobrevuela, solo llevo ciento y pico páginas, el fantasma del abuso sexual sobre Teresa. Es un asunto desagradable, ¿quién no puede pensar así? ¿Quién se aprovecharía y manosearía a una chica deficiente durante un campamento? Parece que Manuel, pero no lo tengo claro. Teresa aportará su versión en intuyo que el libro se hará, conforme lo lea, menos desagradable. Desplegará todas las versiones de Teresa.

He escrito desagradable por la razón que articula la novela, pero la novela es pura literatura. Repito, Barba escribe demasiado bien. Es un escritor que repele las frases hechas, todos los tópicos y la escritura a chorro, la literatura a chorro. Estimo a este autor por los escenarios que es capaz de dibujar con un párrafo de cinco líneas. Paras, regresas al principio, y te preguntas: ¿cómo cojones lo ha hecho? Es un artista, sin ninguna duda, pero eso no quita para que yo, como lector, opine que los temas de sus novelas me resulten desagradables, o por lo menos, los mundos de las tres obras que le he leído. Bueno, he de subrayar y nombrar un opúsculo genial y brillante. Se trata de una pieza de literatura juvenil: Arriba el cielo, abajo el suelo. ¡Qué originalidad!

Hoy he vuelto a escribir la entrada desde la aplicación de WordPress del iPhone. Me he acostumbrado. Es tan cómodo hacerlo así, ojeando a la par alguna que otra idea apuntada en el BuJo que si llego a veintiún días consecutivos, lo habré tornado en hábito. Eso dicen los que saben.

Sí quiero dejar constancia aquí de que me he tirado esta tarde hora y media diseñando un examen para segundo de bachillerato. Sobre todo buscando el texto para el examen. Al final he elegido un artículo de Pedro Simón de ‘El Mundo’: “Ruavieja”. Tiene alguna falta ortotipográfica, pero lo he dado por bueno. Es una crítica bien fina al anuncio en cuestión. Ahora parece que hay que verse porque lo dice un anuncio. A qué grado de estulticia hemos llegado, joder.

Dicen que lo primero que se escribe ha de ser desechado. Esto que hasta aquí has leído es lo primero que ha surgido cuando he encendido el iPhone y he abierto la aplicación de WordPress. Lea Vélez decía ayer en su artículo que había que esconderse con un cuaderno y un libro siempre que uno pudiera. Siempre lo he hecho y ahora me pregunto con qué finalidad. Y respondes: por la misma finalidad por la que respiras.

Se me ha dormido, mientras tecleaba, el dedo meñique de la mano izquierda. Esto es nuevo. Lo apuntaré. Lo analizaré. Se me ha dormido el meñique de la mano izquierda. El dato. En el BuJo. Quizás, debería escribir un relato donde el protagonista sea un meñique. Por algún sitio hay que empezar. Empezamos.

Buenas noches

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