20181112 “—Sí, la escritura es un arma, Delphine, una puta arma de destrucción masiva”

Doce días consecutivos escribiendo un texto en este blog. Un texto cualquiera. Un texto que no significa nada para nadie salvo para mí. Y con eso, por ahora, me basta. O eso me está enseñando Delphine de Vigan en su libro Basada en hechos reales. Lo llevo al 51 %, pero como me ocurre siempre, el último tercio sucederá vertiginoso. Decía que me está enseñando porque vaya ganas tan tremendas le entran a uno de iniciar algo de prueba, algún texto para enviarlo al Herralde y ganarlo, aunque ahora me será más difícil: soy un hombre. Pero eso da igual. Aquí lo que le interesa al lector es por qué, cómo me está transformando este libro, y antes La máscara o la vida, y antes del antes, El dolor de los demás.

Porque la escritura, como puedes leer, si te vas a leer el libro de Delphine, dice que es: “—Sí, la escritura es un arma, Delphine, una puta arma de destrucción masiva. La escritura es un arma de defensa, de fuego, de alarma, la escritura es una granada, un misil, un lanzallamas, un arma de guerra, en cierto modo. Puede arrasarlo todo, pero también puede reconstruirlo todo”.

¿Cómo te quedas? Espera, no te vayas. Te presento un programa de escritura patrocinado por Delphine:

“Compara. Mira lo que se escribe y lo que se filma. ¿No crees que habéis perdido la batalla? Hace ya tiempo que la literatura ha mordido el polvo en materia de ficción. No te hablo de cine, que es otra cosa. Te hablo de los cofres de DVD que tienes en tus estantes. Me cuesta creer que eso no te haya quitado nunca el sueño. ¿Nunca has pensado que la novela había muerto, en cualquier caso cierto tipo de novela? ¿Nunca has pensado que los guionistas os han ganado la mano? ¿O, más bien, que os han dejado fuera de combate? Ellos son los nuevos demiurgos omniscientes y omnipotentes. Son capaces de crear a la perfección tres generaciones de familias, partidos políticos, ciudades, tribus, mundos, en definitiva. Capaces de crear protagonistas a quienes la gente se apega, a quienes cree conocer. ¿Ves de qué te hablo? Ese vínculo íntimo que se teje entre el personaje y el espectador, ese sentimiento de pérdida o de duelo que experimenta cuando acaba todo. Eso ya no pasa con los libros, tiene lugar fuera de ellos, ahora. Es lo que saben hacer los guionistas. Tú me hablabas del poder de la ficción, de sus repercusiones en la realidad. Pero eso ya no corresponde a la literatura. Habréis de aceptarlo. La ficción se ha acabado para vosotros. Las series ofrecen a lo novelesco un territorio mucho más fecundo y un público infinitamente más amplio. No, no es triste ni mucho menos, créeme. Al contrario, es una noticia excelente. Alegraos. Dejad a los guionistas lo que saben hacer mejor que vosotros. Los escritores deben volver a lo que los distingue, recobrar el elemento clave. ¿Y sabes cuál es? ¿No? Pero si lo sabes muy bien. ¿Por qué crees que los lectores y los críticos se plantean el asunto de la autobiografía en la obra literaria? Porque actualmente es su única razón de ser: describir la realidad, decir la verdad. El resto carece de importancia. Eso es lo que el lector espera de los novelistas: que pongan toda la carne en el asador. El escribir debe cuestionar sin descanso su manera de estar en el mundo, su educación, sus valores, debe poner en tela de juicio sin cesar el modo en que practica la lengua que le viene de sus padres, la que se le enseñó en la escuela y la que hablan sus hijos. Debe crear una lengua que le es propia, de inflexiones peculiares. Una lengua que lo vincula con su pasado, con su historia, una lengua personal y emancipada. El escritor no tiene por qué fabricar títeres, por despiertos y fascinantes que sean. Anda sobrado consigo mismo. Debe volverse sin cesar hacia el terreno abrupto que se ha visto obligado a tomar para sobrevivir, debe retornar sin descanso al lugar del accidente que lo ha convertido en ese ser obsesivo e inconsolable. No te equivoques de batalla, Delphine, es cuanto quiero decirte. Los lectores quieren saber lo que se pone en los libros y tienen razón. Los lectores quieren saber qué carne hay en el relleno, si lleva colorantes, conservantes, emulsionantes o espesante. Y ahora la literatura tiene el deber de jugar limpio. Tus libros no deben dejar de interrogar tus recuerdos, tus creencias, tus recelos, tus miedos, tu relación con tu entorno. Solo con esa condición darán en el blanco, hallarán un eco.”

Tus mierdas, es decir, no dejes de interrogar a tus mierdas, escritor. Es el futuro de la literatura. Pero no te lo creas, yo no las considero así. Eso sí, será una mujer la que me convenza para escribir una mierda más que no puedan adaptar los guionistas coleópteros, esos chupópteros.

Mañana más. Perdonen la extensión de la cita, solo buscaba los mecanismos de cohesión:

20181107_073241405_iOS

Si no te quieres perder lo que publico, suscríbete al blog

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 67 seguidores

o sigue sus actualizaciones vía Twitter

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.