20181110 WRITE YOURSELF, YOU WILL SURVIVE

Ignacio Echevarría se queja, y con razón. Con toda la razón del mundo se queja en “Movimiento único”, su último artículo de El Cultural (9/11/18). Es verdad cuando afirma que abundan los editores que desconocen las maravillas que se están cociendo en “una y otra orilla del Atlántico” y que eso nos condena a algunos lectores a no poder saborear libros como Movimiento único, de Diego Gándara (1971). Si bien habla de la incomunicación que se establece entre “sucursales” de una misma editorial, señala con el dedo al editor que “decidió que no iban a satisfacer suficientemente unas mínimas expectativas comerciales” de tal o cual libro. 20181109_153110867_iOS

Lo mejor de todo es que Ignacio Echevarría me ha descubierto otro libro, en este caso es una ópera prima de “carácter autobiográfico” que “ilustra de un modo […] desidealizado y honesto los ritos de paso y las servidumbres, las gratificaciones y las miserias del periodista cultural (con sus frecuentes derivas como “colaborador” editorial)”.

Lo quiero leer porque es otro libro que se reafirma en lo que leí el otro día en Basada en hechos reales, página 66: “WRITE YOURSELF, YOU WILL SURVIVE”. Es el futuro. Es la ola de la ficción autobiográfica o, mira, como quieras llamarla. Estoy en racha: El dolor de los demás, La máscara o la vida, Basada en hechos reales, ¿cuál será el siguiente? El hecho es que el bombardeo es continuo. Ya noy hay duda: la historia de la literatura denominará a este periodo como “periodo literario sélfico”, o “literatura sélfica” a secas. Autobiográfica ya lo hacía Baroja y Unamuno, incluso Valle-Inclán. De hecho, así se lo explico a mis alumnos de Literatura Universal: cada época, queridos, cada sociedad destila un tipo de literatura y ahora, cómo no, esta sociedad pegadita a una pantalla destila, exprime y verás, literatura de selfie. Pura consecuencia. Ahí radica el hecho de que el otro día no estuviese del todo de acuerdo con don Javier Marías cuando se quejaba en su artículo “Literatura de penalidades o de naderías” de que los escritores se pasan el día contando cuántas gotas de Mercromina se echan antes de comer en la herida que se hicieron cuando llegaron del gimnasio. Es la sociedad, es la época, es la idiosincrasia de lo sélfico.

Me está gustando Basada en hechos reales (la llevo al 30 %). Me está aportando demasiadas pistas para lo que Veremundo podría llegar a escribir si se pusiese de verdad a escribir, en una biblioteca un sábado por la tarde, pero las bibliotecas no abren los sábados por la tarde, aunque deberían abrir. Veremundo estaría dispuesto a pagar por ese servicio, por tener una puta biblioteca abierta un sábado por la tarde hasta por lo menos, las once o así. Ustedes, ¿qué piensan? ¿Por qué los bares sí y las bibliotecas no?

Pasen una magnífica noche de sábado.

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