20181102 Cuatro pasos, y los muertos

Veremundo tenía dos opciones para empezar a contarme lo que hoy quería contarme. La primera, esta: “El único ser vivo del que puedo ver las entrañas soy yo mismo”, dijo que le dijo Francisco Umbral en Retrato de un joven malvado. La segunda, más extensa, pero igualmente válida, siendo igualmente válida, -me advirtió-, una expresión cliché, manida y tópica, era de Carmen Martín Gaite en El cuarto de atrás:

-Desde la muerte de Franco habrá notado cómo proliferan los libros de memorias, ya es una peste, en el fondo, eso es lo que me ha desanimado, pensar que, si a mí me aburren las memorias de los demás, por qué no le van a aburrir a los demás las mías.

-No lo escriba en plan de libro de memorias.

-Ya, ahí está la cuestión, estoy esperando a ver si se me ocurre una forma divertida de enhebrar los recuerdos.

Veremundo con la literatura. Veremundo no para de leer porque Veremundo es un tipo al que la curiosidad intelectual le carcome. Y más si esta -ya sin tilde, reaccionario- versa sobre Literatura, esté en formato tradicional de ficción, es decir, de mentira, o esté en formato ensayístico. Así se encontró con un fragmento de Ortega y Gasset que le restregó Felipe González Alcázar mientras manoseaba la Revista de Literatura del CSIC en la cama, y en pijama:

Con razón o sin ella, creemos poseer una noción aproximadamente clara de qué es ciencia, de qué es religión. En cambio, no gozamos ni de lejos de claridad pareja respecto a qué es literatura. La cosa es de alguna importancia sobre todo para el francés, cuya vida personal y colectiva se ha nutrido más que ninguna otra de Literatura. Es un poco escandaloso que no se haya intentado con urgencia responder a la pregunta vital y nada “retórica” de por qué el hombre hace literatura. Y, sin embargo, solo ella puede dar nueva sangre vivaz a la historia literaria, a la crítica y a… muchas otras cosas. Se trataría, pues, en este ensayo de no eludir aquella pregunta sino de responder frente a frente.

Veremundo es culto, pero ser un tipo culto… No encaja cuando anda por la calle y cuando escribo “no encaja” quiero decir que Veremundo no se siente cómodo. Se ha percatado, en más de una ocasión, que su cultura le protege, que actúa como pátina o loción contra mosquitos ciudadanos vanos y hueros. Él respira tranquilo y, aunque suene mal, sí, suena mal, no le entienden. Pero Veremundo se siente feliz y ve mejor la realidad que le circunda. Nadie como él conoce mejor sus entrañas y por eso ha empezado a enhebrar sus recuerdos con mentiras, es decir, los ha empezado a coser de un modo extraño para darle placer a Literatura. Hoy, por ejemplo, lleva todo el día con estos versos en la cabeza, dilucidando qué hay de verdad en ellos y qué de mentira, ficción, literatura. ¿Tú lo sabes?

De aquí al cementerio, todo / es azul, dorado y límpido. / Cuatro pasos, y los muertos / Cuatro pasos, y los vivos.

Sí, lo sabías: Miguel Hernández.

Veremundo con la Literatura y Blumm leyendo La máscara o la vida. Al 61 %.

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