20181101 Veremundo no participará en Nanowrimo

Como todos los años, desde hace no sé cuándo, hoy empieza Nanowrimo. Hoy ha empezado Nanowrimo -ya es una acción perfecta-, pero este año Veremundo no va a participar. El primer año que participó, un noviembre de no sé qué año, tenía reciente la lectura de La ópera flotante, de John Barth. Aprovechó dicha lectura para inspirar su escritura durante su participación. De allí salió La sonrisa de Lázaro Guevara y se prometió que nunca saldría del cajón del ordenador donde la había guardado, hecha carne, en un archivo Word. Cuando le pregunté por ella hace unos días fue tajante: “¡Hasta el final de los tiempos, Blumm!” “Quizás después de la Parusía la haga pública. Así seréis todos benévolos con ella”, me dijo riéndose. Después, durante toda la tarde, estuve pensando en La sonrisa de Lázaro Guevara, en aquellas cincuenta y pico mil palabras que bien podrían sacarle del anonimato y procurarle fama de muerto de hambre, como les sucede hoy a tantos escritores, pero él prefería esperar.

Cuando me disponía a abandonar su apartamento, Veremundo me propuso que por qué no me animaba a escribir durante treinta días aquí, en mi blog. Que él lo leía con regularidad y que siempre le aportaba alguna referencia novísima para leer. “Novísima para leer” había utilizado. Pensé rápidamente en lo pequeños que se me habían quedado Twitter e Instagram, y me dije que por qué no lo intentaba. Recordé entonces, mientras abría la puerta del ascensor, aquella frase de Harry Mathews, que a él le salvó: veinte líneas por día, geniales o no, y me comprometí. Llegué a casa pronto y después de cenar proseguí con la lectura de La máscara o la vida, que me dio el empujoncito para posibilitar que estés leyendo lo que estás leyendo ahora. Ahí estaba, en la página 151:

“Si hubiera que destacar una figura del discurso autobiográfico, la más importante, y eje central de este, sería el desdoblamiento del yo. El yo autobiográfico es, por definición, una instancia desdoblada, psíquica y temporalmente, que como mínimo comprende al que el autobiógrafo fue, o creyó ser, en el pasado y al que es, o cree ser, en el presente (Lejeune, 1971)”

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