Octubre de 2018 | Veinte líneas por día, geniales o no

[20181031] Miércoles, 31 de octubre de 2018, la moda de montar belenes en NY

Hay quien piensa que los blogs literarios están acabados. Hay quien vocifera que su época pasó. Hay quien no les echa cuentas, pero no es mi caso. Sigo leyendo blogs literarios, cada vez menos, es verdad, porque cada vez hay menos que merezca la pena leer, pero los que sobreviven son blogs que prescriben parte de mis lecturas. Colman mi curiosidad literaria.

20181031_172816909_iOSEs el caso del blog de Juan Francisco Ferré: La vuelta al mundo. Ferré es escritor, crítico literario y profesor de qué, de qué va a ser profesor Ferré. Ayer, cuando leía la entrada donde celebraba los diez años de blog, aprovechó para reseñar El reino del lenguaje, de Tom Wolfe (Anagrama, 2018); no me lo pensé demasiado. Será la siguiente lectura después de leer La máscara o la vida (Pálido Fuego, 2017). La reseña me convenció para salir hoy de la librería con el libro debajo del brazo. Prescripción fulminante, advierto: “El reino locuaz”.

El poder prescriptor de los blogs frente a la saturación y repetición de recomendaciones que ofrecen los suplementos literarios tradicionales. ¡Tradicionales! ¿No os da miedo asociar el adjetivo “tradicionales” a suplementos como Babelia, El Cultural y ABC Cultural? ¿No? A mí sí. Por ese motivo bebo en blogs y en revistas literarias online. Las hay originalísimas y buenísimas: Détour, un ejemplo. Sí, bueno, sí, si lo dices así, vale, soy un snob literario. Están al alcance de cualquiera, pero no cualquiera -generalización- se entretiene en buscar y realizar el acto consciente de buscarlas, entretenerse, curiosear y ¡hallar! Ser, al fin y al cabo, un lector “scout”. Me satisface encontrar así parte de mis lecturas. Y hoy, lo he escrito.

Los blogs literarios no están acabados es una idea principal y un ejemplo, ¡no te lo pierdas!, es el blog de Juan Francisco Ferré. La reseña que hace de El reino del lenguaje vale más que muchas de las reseñas que te encuentras en medios generalistas, tradicionales, rutinarios. Ese es el motivo, amigo lector de mi blog, por el que gran parte de mis lecturas proceden de lo que cuentan y chismorrean en ciertos blogs literarios. Hoy, ya te lo he dicho todo.

Leyendo: La máscara o la vida, de Manuel Alberca. Al 37 %.

Leído hoy: artículo de Alberto Olmos con dosis altas de ironía: “Halloween intelectual: nadie tiene una idea original en España ni por casualidad


[20181030] Martes, 30 de octubre de 2018, ella en París

En una carpeta titulada “Escrivivir” almaceno mis elucubraciones artísticas, y con artísticas me refiero a prosísticas, a redacciones, al fin al cabo, porque no me considero escritor ni nada que se le parezca por lo que de artísticas tiene lo que yo de nube blanca. Soy más un escribiente a lo Bartleby que escribe y llena acuatros sin ningún fin artístico: mera y pura necesidad. Es como defecar, o comer. Una necesidad, pero espiritual, y por ende, hemorrágica, sanguinotinta, o tintalenta, violenta y ahora, diaria. Me lo he propuesto y te lo cuento. Sí, ficciones algunas, pocas. Fíjense en “pocas”. ¿Qué artista utilizaría ese término tan vano, ambiguo y sucio? Ninguno.

El nombre “escrivivir” se lo robé a Julián Ríos en una entrevista de Quimera. En realidad, siempre que escribo, vivo mejor. Es un plus a la existencia. Escrivivir está bien traído y me parece originalísimo. De un genio como Julián Ríos. Un olvidado de España. Vive la France. Y ¡viva la parasíntesis!

Hoy todo el mundo escribe. Si escarbas te das cuenta pronto. Y no wásap a wásap, sino a base de pie de Instagram a pie de Instragram. Sí, se escribe. En Twitter más. Hoy, por ejemplo, un alumno de 2º de bachillerato me ha ofrecido un cuaderno donde tenía escritas ocho páginas de un relato sobre nazis. ¡Sobre nazis! Un chico nacido en 2001 escribiendo sobre nazis. Quiere mi opinión crítica. Sí, claro, yo leía manuscritos y originales tiempo ha. Por supuesto que se la daré. Para él, que ocupa parte del tiempo de su día en escritura no académica, ¡cómo no le voy a leer lo que escriba por placer! Eso es vivir. No me equivoco si afirmo que la escritura que desarrolla es parte importante de su vida.

Si cambio de tema ahora he de seguir con algo similar a: La única manera que he encontrado para no invertir más de media hora en cada entrada es abrir el procesador de textos, el cuaderno Leuchtturm1917 y empezar a escribir lo que sea. Hoy he empezado con el título de la carpeta donde guardo todo. Y en la nube, Roger Wolfe. A mí no me pasa lo que a ti, que has perdido en tu ordenador una ración de tu vida. La solución es la nube, Roger, la nube nunca es inútil. ¡Ánimo, Roger!

Mi técnica para escribir todos los días estos días ha sido sencilla: abro el cuaderno, selecciono alguna anotación que expandir aquí, en este diario de Bernard de Munumont y escribo. Saborear alguna de las anotaciones realizadas a lo largo del día me sirve para empezar y calentar, y si cuaja, quedan publicadas. Pero hoy no. Hoy la excusa ha sido el nombre de una carpeta del ordenador.

Y fin, pero ahora me pregunto, ¿qué sería de este texto sin una fotografía? Sí, viene la fotografía. El cuaderno donde anoto de manera hemorrágica los detalles de mi vida cotidiana así como ideas que me traen las lecturas o las lecturas mismas en forma de cita y los libros que leo y las impresiones y sensaciones de la gente y las motas de realidad que cazo al vuelo quedan recogidas con tinta de diferentes colores en este maravilloso cuaderno azul:

IMG_7451

Sigo leyendo La máscara o la vida, de Manuel Alberca. Al 35 %. Poco avance. Me entretuve en trastear las entrañas del blog en WordPress buscando algún shortcode que me posibilitara exponer las entradas de una categoría dentro de una página. No lo conseguí en el primer intento. Continuará.

Algo sobre literatura leído hoy:

    • Reseña de Rafael Narbona en El Cultural sobre lo último de Roth: “¿Por qué escribir? Ensayos, entrevistas y discursos (1963-2013)”. Qué bueno es Roth, qué verdades decía sobre el proceso de escritura. Piérdetela y llámate tonto.
    • “Por una pérdida del olvido“, de Vila-Matas, en El País. Hasta he escrito un temprano tuit. Quiero leer ese diario de Dick. Consultaré a mi librero, que próximamente va a abrir un blog de literatura. Levitaré:

 


[20181029] Lunes, 29 de octubre de 2018, por fin el frío

Esta mañana me tomé el café leyendo la reseña de Óscar Brox sobre Dar la cara, de Larry Brown. Otras mañanas pierdo el tiempo mientras tomo café y escribo “pierdo el tiempo” porque pierdo el tiempo. Entro en Twitter, superviso Instagram y cuento likilikis. Uno, dos, diez minutos. Después leo algún artículo en Feedly y el evangelio del día. La gente normal hace todos los días esto. Bueno, lo del evangelio no, seguro, porque mira cómo está el mundo. Algún día he de hablar sobre mis lecturas del evangelio, qué coño, porque quiero que me llamen el apóstol de WordPress, pero ahora no, por favor, no deliren.

Leía la reseña de Óscar Brox cuando alguna dendrita conectó con otra dendrita que sabía que el otro día leí un tuit de Colomer -seguro que se llamaba dendrita B-. Establecida la sinapsis, busqué el tuit de Álvaro. Allí, el escritor solicitaba ver lento novelas violentas, leer, es decir. Y lo hacía así:

Violentas. Dos veces el adjetivo violentas en menos de siete palabras. El cincuenta por ciento del texto que había escrito lo cubría la semántica de la palabra vio-len-tas. Violeta vio lentas las novelas violentas, que es como decir que manchó sus ojos de sangre, violaciones, sierras, tiros, secuentros, torturas y mafia. Ah, y gritos. Como la reseña insinuaba calamidades… ¿no eran calamidades? Sí, y se la pasé:

Me he alegrado saber que Álvaro está buscando novelas de este corte. No, no por el adjetivo, sino porque hoy es fácil descubrir a qué dedican su tiempo los escritores que admiras; es fácil seguirles la pista y descubrir en qué están enfrascados. Eres un cliente fiel a su prosa.

Así sucedía también con Alberto Olmos, al que le leí estas líneas (sin tu permiso, Alberto, perdona. He copiado y he pegado desde tu blog, que aprovecho para decirte que deberías alojarlo en WordPress y gratis, como Dios manda. Ya, ya, por ese motivo no es gratis, ya, ya lo sé):

Raudo 1709 Mi objetivo en los próximos cinco meses es escribir una novela a toda velocidad sin pensar apenas la escritura y pasándomelo bien, que es exactamente lo que llevo sin hacer desde hace ya demasiados libros: esa vuelta al salvajismo literario, a la alegre redacción, es la única forma o fórmula que he encontrado, después de darle algunas vueltas, incluida la idea misma de: dejarlo, para salir de esta especie de suplicio sacrosanto de la escritura

¿No les resulta fascinante? Es más, desde mi punto de vista creo que es la única manera que sería capaz de desarrollar para escribir novelas. Si lo intentara, claro, pero a mí es que me da miedo empezar a escribir una novela. Siempre levanto la mano cuando nombran a Bartleby. Pero bueno, creo que sería la única manera de que Blumm escribiera un texto de ficción de cierta extensión, del modo en que lo describe Olmos.

Pero regresemos al autor número uno de esta secuencia: Álvaro Colomer. Me ha gustado leer que busca alimentar su seso con novelas violentas porque quizás esté enfrascado en algún proyecto. Y me gusta porque con todos los proyectos de Álvaro Colomer me lo he pasado bien. Ahora la foto. ¿Qué sería un post de blumm.blog sin foto de libros? Nada. Por ese motivo muestro dos títulos, aunque le he leído dos más, creo, pero uno está prestado y el otro creo que pertenece a la librería del congreso de Jaén.

colomer.png

Hoy me he extendido. Quinientas palabras son demasiadas palabras para las notas que salvan otro día del “Diario de Bernard de Munumont”. ¡Qué prosodia!

Añadiré hoy dos notas a pie de página:

Nota 1. Lectura en curso. Al 31 % con La máscara o la vida, de Manuel Alberca.

Nota 2. Reseña leída hoy: “Larry Brown. Estos son los condenados”, de Óscar Brox vía Détour.


[20181028] 28 de octubre de 2018, graniza a las 16 horas

Después de comenzar este diario, contabilicé cuántos diarios leo de manera habitual en la red. ¿Dónde si no? No son muchos, pero los leo siempre que son actualizados por sus autores:

  1. El diario de Roger Wolfe
  2. El diario del padre José Antonio Fortea
  3. El diario de Rafael Sarmentero
  4. El diario de Miguel Ángel Hernández
  5. El diario de Alberto Olmos (5 € al año)
  6. El diario de Eduardo Laporte

Solo tres se actualizan diariamente a fecha de hoy: el de Wolfe, Olmos y Fortea. No, no leo ninguno más online. Si crees que me estoy perdiendo alguno, por favor, sugiéremelo en los comentarios. Todos estos diarios cumplen con otra de las ideas que recogí en algunas fichas sobre de La máscara o la vida. De la autoficción a la antificción:

género autobiográfico

Offline tengo muchas ganas de leer Confesión, de Tolstói.

Hoy, por primera en vez en mucho tiempo, escribí recién levantado este texto, y lo hice sobre el ticket de la cena de anoche en Nude Bistrot.  ¡Recién levantado! Inaudito, mientras abría del todo los ojos con mucho esfuerzo. Y así el tipo de letra tan, pero yo sí la entiendo. Otro día comentaré su contenido, sí, otro día, porque como dicen nuestros mayores hay más días que ollas:

 


[20181027] 27 de octubre de 2018, cumpleaños de papá

Después de llevar sesenta y cuatro páginas del libro de Manuel Alberca, La máscara o la vida, decido abrir este diario, aunque la razón última haya sido Unamuno. ¡El mismo Unamuno! Y mentiría si no revelase que también ha tenido la culpa una de las ciento veintitrés citas que llevo tomadas de este sugerente ensayo. Esta:

miedo a las cornadas

La única condición que me impongo al escribirlo es que lo que aquí aparece haya sido antes garabateado, escrito, guarreado sobre un papel y que este pueda ser solicitado como prueba de vida. De vida, ahora que lo leo, sería exagerado.

Hoy no me podría haber ido a la cama si no hubiese escrito en la agenda de papel que he celebrado el cumpleaños con mi padre y parte de mis hermanos en un bar de Jaén con un nombre espectacular: “El halago de Pilar”. Choto y conejo. Y pipirrana y cerveza, dos, tres cervezas. Café. Después, dos horas después, me encontraba viendo un partido de fútbol entre el Real Jaén y el Atlético (de Mancha Real). No me pregunten cómo llegué hasta allí.

Ahora estoy delante del ordenador porque son las 2:45, pero en realidad son las 1:45. Esto me da juego para quedarme una hora más leyendo, en este caso escribiendo.

Me inunda, en términos muy acuáticos, observo, una inmensa necesidad de escritura física, de escritura sosegada. Escritura distante del veloz diario, del pulgar e índice sometidos al yugo en que se ha convertido la conexión con Twí|tter| e Ins|ta|grám. Si lo hubiese escrito al revés hubiese sonado peor: Ins|ta|grám| y| Twí|tter. La prosodia es importante hasta en estos textos que voy a titular como “Los diarios de Bernard Munumont”, o “Los diarios de Bernard de Munumont”, que parece más aristocrático y de sangre azulona.

En definitiva, escribir en cuartillas de 180 g, que son las que localicé ayer en el altillo de un armario del cuarto de R. ¿Qué harían allí?

Unas palabras al día, previamente manuscritas. Muy manuscritas antes. Hoy le he sacado foto a la prueba de vida. Hoy, solo hoy, quizás mañana:

varias

Y sí, la investigación visual será parte importante de estos diarios. Me gusta Munumont, Bernard:

swan

Bernard de Munumont

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