El hombre que valía 500 000 argumentos

20181006_112824552_iOSTodos los viernes por la tarde visito con mis hijos la biblioteca del parque, en Jaén. Me llevé en la mochila, además de un manual de Sintaxis que no abrí, El Cultural de 5 de octubre. Mientras mi hijo leía El hombre que valía 500 000 $, una aventura del Teniente BlueBerry, a mí me dio tiempo a leer un artículo de Álvaro Valverde y la entrevista completa de la directora de El Cultural, Blanca Berasátegui, a Fernández Mallo y a Gomá. Tomé algunas notas. Hay paz en las bibliotecas.

Antes de empezar: eché en falta al Torné. ¿Dónde se ha metido Torné en El Cultural?

Advertencia preliminar: lo que expongo a continuación fue fruto de las notas que tomé. Las fundamenté en lo que me llamó la atención. Así mismo revelo, y casi denuncio, que a la entrevista le faltó eso que le pedimos a los textos, coherencia textual, cierta estructura. No encontré un hilo conductor claro, y sí bandazos, desde un lado hacia el otro, porque ahora te toca a ti, Agustín, y ahora contesta tú, Javier. Pero bueno, reconozco que el conjunto que resulta es una interesante entrevista que reveló todo lo que pretendía saber de lo nuevo de Fernández Mallo y todo lo que quería saber del trabajo de Gomá. Se aceptó como buena entrevista. Suculenta.

Empecé la lectura de El Cultural con el artículo de Álvaro Valverde porque Loreto Sesma me tiró del suyo. ¡Vete!, me gritó. Fue divisar ese “leía el otro día un tuit”, ese citar indefinido, ese donde ni está el quién ni el qué que revela, que me obligó a saltar del tren en busca del siguiente artículo. A estos jóvenes -soy cuarentón, cuarentón- los llamaría “los pronominales”. Deícticos no, porque no tienen referencias literarias. Además, no se hartan del cultivo del lugar común. Hastían.

20181006_113525148_iOS.jpgPor el contrario, el artículo de Valverde era una crítica contra los poetas jóvenes que no tenían formación literaria y que, como hacía Loreto Sesma, usaban el lenguaje prosaico para inundar sus paisajes de lugares comunes. Había puntos interesantes en el artículo, como esa cita rotunda de Brines, que decía: “La poesía no tiene público, sino lectores“. Primera verdad.

Después Valverde atacaba la sobreabundancia de “desahogos liricoides”. Es, desde mi punto de vista, una certera crítica a la caterva de poetas casi adolescentes a los cuales no les ha dado tiempo a adquirir la formación literaria que Cernuda se mamó de Salinas. Por ejemplo. Ese es uno de los motivos por los que su lenguaje es vano y del afán por el abuso del locus amoenus común de los comunes.

Pasé la hoja y me encontré con dos títulos: Tetralogía de la Ejemplaridad, de Javier Gomá, en Taurus, y Teoría general de la basura, de Agustín Fernández Mallo, que saldrá publicado a finales de octubre en Galaxia Gutemberg.

Tomé muchas notas de la entrevista que ahora paso a coser. No sé si el remiendo quedará bien cosido aquí, pero me apetecía exponer qué me llamó la atención y cuál de los dos libros empezaré a leer. La entrevista ha impuesto un orden de lectura futuro.

La primera afirmación de Fernández Mallo en el primer párrafo me resultó simplísima (adjetivo superlativo culto de simple), pero complicada, o formulada sintácticamente, con el fin de barnizarla y complicarla. Hay que reconocer que Mallo barniza bien. En este punto llega a definir algo que conceptualmente es muy simple, pero termina definiéndolo con un término como “realismo complejo“.

Gomá aparece con la palabra “vocación” en la boca, “vocación literaria“. Es más complejo Gomá, quizás porque sus argumentos precisan de más ingeniería mental. Buscas aceite para tu engranaje neuronal. Gomá hace pensar más, y con esto, señoría, queda todo dicho.

Mallo ahora, sobre la basura y cómo con los desechos que producimos creamos. Coloca, nos coloca el ejemplo de Cervantes, que utilizó el desecho de las novelas de caballería, “los residuos” que produjeron, para renovar la forma de contar y entretenerse.

A Mallo, pienso, como todo buen ateo o agnóstico, le produce gustirrinín atacar los pilares de la religión católica, como el sibilino ataque a la Vulgata que tradujo san Jerónimo hacia el trescientos y pico. Desde el punto de vista pragmático, si te zambulles en ella, observas cómo ataca a ese “libro pop”, como llama a la Biblia. Ingenioso ha sido, desde luego, pero a mí no me convence. A otros, como es su deber y obligación, sí. Incluso aplaudirán.

A esta altura de la entrevista Gomá me resulta mucho más interesante, incluso mucho más sabio. Destila cierta paciencia intelectual, hace brillar su sabiduría con argumentos bien construidos. Cuando se adentra en su concepto de “Ejemplaridad pública” me termina de conquistar.

Mallo llama otra vez a la puerta. Argumentalmente, Gomá está por encima de Mallo y a un nivel muy superior, pero ahora llega con un concepto que sí me resultó interesante: la Línea Año Cero. Y no sé por qué, me recordó a DFW. Comenta que es de Walt Whitman de quien tenemos el primer registro de la recitación de un poema. Y sucedió en 1890. La reflexión me resulta interesantísima por la analogía que establece y que relaciona con lo que conocemos sobre los huesos y los esqueletos de los dinosaurios; conocemos lo duro, pero no las partes blandas. Reconozco que me deslumbró. Al final, cómo no, complicó el concepto, o no logré captarlo (¡romo de mí!), pero reconozcámoslo otra vez: Mallo es un tipo que tiende a lo enrevesado, y se divierte; y eso vende, gusta.

Gomá trae otra buena idea que apunto: “Todo creador es el dueño de unas cuantas metáforas eficaces“. Así es. Después compara las ciencias con las letras y me abre una perspectiva y argumentario nuevo. Señala que la ciencia se basa en el progreso frente a las letras. Y para ello recurre a una analogía. Qué buenas son las analogías. Dice que a nadie le interesa ahora la biología molecular de los años 60, pero por el contrario, en las letras no sucede eso. A mí, por ejemplo, me ha interesado durante semanas Bernard Mandeville, del siglo XVIII. La idea de progreso no rige las letras. Qué rotunda verdad.

Mallo otra vez. Y otra vez que me resulta simplísimo cuando analiza y compara. Es, en realidad, un complicador, un autor que tiende a complicar lo que es sencillo, evidente, puesto que, siempre que intenta explicar el concepto, en vez de simplificarlo, como hacía un físico como Feynman, lo complica. Es el anti Feynman. Como lo que afirma acerca de la traducción, del cambio y de la necesidad de una constante que aplicar a la traducción. Parece algo brillante, pero descompones en factores, y es simplísimo.

Tienen que leer la entrevista. Merece la pena sobre todo para decidir por qué libro empezar. Será una apropiación recoger material de otra cultura y traerlo a la nuestra. Recoger ideas de esta entrevista y ofrecerle la oportunidad al autor que se lo merece. Sí, porque toda sociedad, como apostilla, se apropia de elementos de otra. ¿No resulta evidente? Había que buscarle un nombre a lo que sabíamos hacer, pero el hecho de que no tenga nombre no significa que no existiese antes de que se nombrase. Es la falacia Mallo, me atrevo a señalar.

Ahora le toca a Ulises, y a Moisés. Escribo textual en mis notas: “Vaya cagada. No la comparto. En primer lugar porque yerra desde los principios de la argumentación para construir su modelo nómada”. Hablaba esta vez de Moisés y de Ulises, repito. Sus argumentos, desde mi romo punto de vista, son evidentes, en ocasiones perogrulladas.

Gomá, por el contrario, golpea el concepto de nomadismo y lo hace de una manera singular, comparando el nomadismo de Hesíodo y el de Moisés, ambos pastores. Gomá da argumentos históricos, filosóficos y hasta personales. Fundamenta ejemplarmente muy bien, de verdad. Se nota que es filósofo. Mucho. “Somos ejemplos rodeados de ejemplos, envueltos en una red de influencias recíprocas”.

WIN_20180930_15_33_12_ProAcabo con una magnífica cita de Gomá. Esencial. Visceral. Me ha sumido en una profunda reflexión a mí, glotón de libros, o como nos llama Mandeville en su fábula de las abejas: helluones librorum.

Pero antes de la cita quiero advertir de las lúcidas reflexiones en torno a las redes sociales que hacen tanto Gomá como Mallo. Lean la entrevista, merece la pena. Pero antes, relean esta cita hasta que se harten, hasta que la hagan desecho. Ya vendrá alguien a recrearla:

Es importante la distinción entre “buen lector” y “comprador de libros”. Bajo la forma de libro existen cosas completamente heterogénesas. Llamamos libro a una novela histórica firmada por un presentador del tiempo cuya fama en televisión es aprovechada por una editorial experta en mercadotecnia. Llamamos libro también a Elegías de Duino de Rilke. Comparten quizá el mismo librero y página en el suplemento literario. Pero son cosas muy distintas: la primera es una mercancía que se compra, la segunda una obra de arte que ilumina. La primera responde a las reglas del mercado, la segunda a la experiencia totalitaria de la vocación literaria. El auténtico artista compone su obra, se enamora de ella y se entrega a su composición como si le fuera la vida entera en ello. Y luego, al terminar, busca lectores en los que encuentre un eco del enamoramiento con que fue compuesto el libro. Y le importan los lectores presentes y los futuros.

Javier Gomá en “Sobre basura, redes, secretos y filosofía” una entrevista de El Cultural de 5 de octubre de 2018

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