Nº1 A mi jeringuilla

Me he propuesto completar los doscientos y pico ejercicios que propone este libro antes de escribir las mejores páginas de la literatura blummiana que cambiarán la historia de la literatura mundial, de la literatura compuesta de mentiras porque la literatura siempre es mentira. No tengo prisa. Ese es el pacto que me he formulado. Haciéndolo público en el blog, coacciono al autor, que soy yo, y le obligo a tomarse el reto en serio. Pero pienso, además, que si quiero completar la tarea tendré que obsesionarme y llevar en el bolsillo, apuntado en un papelito, el enunciado del ejercicio del día. Así podré arrugarlo durante la jornada entre las esperas y los cafés. O en el dispositivo móvil vía Evernote.

Cada ejercicio propone la escritura de quinientas, seiscientas palabras que han de seguir unas indicaciones y un punto de vista (POV). Aquí copiaré el enunciado de algunos ejerecicios sin las indicaciones pertinentes de Kiteley, claro está. Si no lo hago así, veré a José Luis Amores, editor de Pálido Fuego, abroncándome. Y bien justificado. Lo que sí recomiendo es que os compréis el libro porque no trae casquería, como sí la traen otros libros de escritura creativa.

Así pues, formulo el reto: quiero tener completado un tercio antes de enero de 2019 y antes de agosto de 2019, Dm, completada la tarea. Es un objetivo titánico y la única forma de conseguirlo pasa por la obsesión, como he escrito antes. Me vendrá bien porque me retirará de Twitter e Instagram. Joyce llegó a ser el escritor que fue porque tuvo la suerte de ser un hombre noTwitter, noFacebook y noInstagram. Ahora leo un libro en el que revela… ¡cómo se obsesionaba con su ficción! Tanto que abandonó todo para entregarse a ella.

Los ejercicios estarán etiquetados en la categoría “La epifanía de las 3 A:M”, título del libro. Y a partir del siguiente los presentaré en el blog a máquina de escribir. Sí pido crítica y que hagáis pupa en la casilla de los comentarios. Tengo un ayudante que los contestará casi todos. Entraré a valorar solo algunos, pero me servirán todos. Críticas, siempre. Positivas, negativas, salteadas o fritas. Gracias a ellas, ¡fijáos donde está Vila-Matas! Qué hubiese sido Vila-Matas sin aquella primera crítica negativa que recibió de su primera o segunda novela, no lo recuerdo bien. Se revolvió sobre sí y arremetió, como cuenta en una entrevista. Hasta hoy.

Pues aquí, el primer ejercicio.

Ejercicio nº 1, denominado “El yo reticente”, que es propuesto por Brian Kiteley en La epifanía de las 3 A:M (Pálido Fuego, 2018)

EL YO RETICENTE: Escribe una historia en primera persona en la que uses el pronombre personal de primera persona (yo, mi o mí), así como sus formas verbales asociadas, sólo dos veces, pero haciendo que el yo sea importante de algún modo para la narración. El objetivo de este ejercicio es imaginar un narrador menos interesado en sí mismo que en lo que está observando. Puedes hacer de tu narrador a alguien que ve un acontecimiento interesante en el que no ha de participar necesariamente. O puedes hacerle humilde y modesto, a la par que participante significativo de los sucesos relatados. En este ejercicio es primordial asegurar que a tu lector no le sorprende, después de haber leído cuarenta o cincuenta palabras, descubrir que está ante una narración en primera persona. Muéstranos rápidamente quién está observando la escena. 600 palabras.

Propuesta al ejercicio nº 1: “La jeringuilla”

20180817_102949237_iOS“Se trataba de una pulsión que saludaba al sol todas las mañanas por la ventana del despacho donde trabajaba. Escribir la palabra “pulsión” al comienzo del relato trajo un inconveniente, una duda: ¿era la palabra adecuada? ¿Proporcionaba el significado preciso para la intención que pretendía este relato? Ni idea. Interrumpí la escritura y busqué el significado de “pulsión”. Tenía tres diccionarios frente a mí. Me levanté y busqué: impulso instintivo, por un lado; fuerza inconsciente que provocaba determinadas conductas, por otro. Ahora que sabía su significado, continué.

Se trataba de una pulsión que saludaba, recuerden, por la ventana del despacho, al sol todas las mañanas. Una pulsión que se había convertido con los años en una rutina después de amanecer. Antes de ejecutar la pulsión bebía un vaso de agua con dos cucharaditas de vinagre de manzana y una pizca de bicarbonato, y orinaba. Después regresaba a la mesa donde trabajaba y permanecía sentado y concentrado hasta las doce, hora del Ángelus. Qué sería del hombre sin el rezo del Ángelus, pensaba antes del último amén. Tomaba asiento no sin antes recrear mi imaniación en el hecho de que solo faltaban un par de horas para abrir la nevera y sacar una cerveza. Sacaba unas aceitunas y una tapa de queso semicurado al balcón y comenzaba el espectáculo, que consistía en verle las bragas al paisaje urbano que tenía frente a mí.

Un impulso instintivo. Gracias a él soy el escritor que escribe relatos. Es decir, una fuerza inconsciente provocaba que repitiese, durante tantos años, un mismo ritual. Ritual que se convirtió en una rutina, evidente, redundante. Una rutina tan simple como sacarla, llenarla, vaciarla y la limpiarla con agua dos veces. Así todos los días. Es como si se tratase de un algoritmo, pero un algoritmo que me hizo escritor. O un ritual. Sin ella, ¿cómo hubiese aprovechado la capacidad que proporcionaban los cartuchos de tinta de la última estilográfica que llegó en Navidad? Una TWSBI mini color naranja.

Desde luego que no hubiese llegado a ser el hombre que soy, ni el escritor que triunfa. Esa es la verdad. Se lo debo todo a ella. Su capacidad, 5 ml, fue lo de menos; lo dio todo, hasta el último recoveco de su diminuto interior ¡Qué vergüenza! Lo que han sido capaces de hacer conmigo cinco mililitros. ¡Hasta dónde he llegado!

Pero ahora ha llegado el momento de despedirla. Ayer le reventé su esforzado émbolo y se me ocurrió en la ducha, mientras me frotaba el cuello, arreglar unos cuantos párrafos, estos párrafos, antes de cenar. Escribir algún adiós, unas frases, un relato; esto que leen. Se lo merecía. Soy un escritor, no muy bueno, pero siempre recordaré cómo abría el segundo cajón de la mesa donde trabajaba todos los días para colocar sobre la mesa la lata decorada con motivos de coches de los años 50. Allí dentro estaba la jeringuilla que me permitió ser el escritor que soy. Le debo tanto… Cuánto Apiretal había transferido antes a mis hijos antes de que la empleara para abastecer de tinta los cartuchos de mis plumas. Ahora solo la recordaré como lo que fue, una singular herramienta de trabajo, como lo es un papel, y una estilográfica para exprimir la imaginación.

A ella, a esta singular pieza, le dedico estas letras.

Tuyo siempre, Toño Palencia.”

9 comentarios en “Nº1 A mi jeringuilla

  1. El ejercicio te ha salido de 10; todo lo que pide: cumplido y con arte.

    La maravilla de la cotidianidad (quizás lo único bueno que tiene), es que si se escribe algo sobre ella, siempre va a ser entretenido si se hace debidamente. Es el caso. Útil selección de expresiones para hacer entretenida una narración sin mensaje ni fin otro que el puro testeo.

    Transdata: te kopias der pilos asul, ay se te seke la tinta ompare

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    • Gracias, Anaximandro Frutos Secos. Exacto, se me ha pedido y he cumplido. La idea es ir subiendo escalones al ritmo de Kiteley.
      Sí, er pilos verde me fué mu bien. Abrazos, Anaximandro. Saluda a Parménides & Co. de mi parte. Y a Heráclito, si consigues que se esté quieto un ratico.

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  2. Me dejas un tanto intrigado. El enunciado del ejercicio pide expresamente el uso de los pronombres solo dos veces. El texto sobrepasa ese número con descaro.
    Pienso que la dificultad del trabajo consiste en el modo de ejecutar el punto de vista.
    Creo que no lo has ejecutado como se te solicitaba, compañero.

    Yo empiezo hoy con los ejercicios de Kiteley.

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