Joyce dejó de escribir críticas de libros

En su juventud, a Joyce le gustaban las novelas de Meredith. En Stephen Hero, los constantes comentarios y el tono de leve superioridad del autor probablemente se deben a la influencia de Meredith, y el éxtasis de Stephen, en el cuarto capítulo del Portrait, probablemente se debe a similares éxtasis descritos en The Ordeal of Richard Feverel. En el Ulises Stephen se apropia de la definición que Meredith da de los sentimentales, a fin de confundir a Buck Mulligan, y Joyce adopta el más radical recurso técnico de Meredith, o sea, la repetición de palabras temáticas con crecientes ramificaciones, hasta que llegan a constituir una afirmación con significado. Y, tal como su ensayo da a entender, Joyce estaba muy interesado en la vigorosa lucha de Meredith con los problemas de la afirmación secular, en aquellos tiempos de duda.

También tenía Joyce sus reservas acerca de Meredith. Algunas de ellas las menciona en su ensayo. Tal como su hermano Stanislaus nos dice en My Brother´s Keeper, Joyce reaccionó con irritación ante el poema monárquico de Meredith “The Voyage of the Ophir”, que canta el viaje por el imperio realizado, en 1901, por el príncipe y la princesa de Gales; dijo a su hermano Stanislaus que le gustaría dedicar su relato “An Encounter” al autor de dicho poema, probablemente con la finalidad de atacar su conformismo. Joyce opinaba que, en términos generales, la poesía de Meredith merecía la calificación de “versos no muy meritorios, escritos por un prosista”, y se indignó cuando, en 1924, John Quinn vendió el manuscrito del Ulises a A. S. W. Rosenbach por 1975 dólares, y recuperó dos poemas manuscritos de Meredith por 1400 dólares.

En Escritos críticos, Alianza, 1983

20180822_125544000_iOSHe abierto al azar el libro que he acabado esta tarde para escribir esta entrada, Escritos críticos, de Joyce: Meredith, página 111. Ya han podido leer a qué se dedicaba Joyce cuando tenía un texto de Meredith delante: lo chupaba hasta que daba con el chicle; empezaba a masticar.

Esta tarde calurosa de agosto, sentado en una sillita verde para niños del Ikea, mientras la cortina de la habitación se mecía hacia dentro y hacia fuera de la ventana, he acabado lo que es un conjunto de reseñas de libros, cartas, artículos periodísticos, notas y ensayos de Joyce. Ha sido un placer. Con qué convicción escribía este tío. Solo tenía una preocupación existencial: su escritura, tirar del granero léxico, que años antes había formado, para combatir lo obvio, la frase hecha, alcanzar su epifanía de su ficción.

Con la lectura de este libro ha aumentado mi fervor hacia lo joyceano, así que deseo terminar pronto Stephen el héroe para pasar a Retrato de un artista adolescente (Stephen el héroe, pero bruñido y reluciente). Después desembocaré en Ulises, que no he leído. ¡No, no he leído el Ulises! Si después de este atracón joyceano mi alma sigue descansando en paz, coronaré la relectura de Dublineses. Tengo plan lector para mes y pico.

Lo que sí ha hecho este libro ha sido susurrarme “tienes que dejar de escribir sobre libros”. Joyce tomó esa decisión -se cuenta en una nota a pie de página- y le fue bien. Joyce recondujo todo hacia su creación. Y fue feliz.

Cuando tomó esa decisión, solo escribió un par de veces más sobre escritores, y siempre con la condición de atender a la personalidad del escritor, si lo conocía. Así sucedió cuando murió en un accidente de tráfico su amigo y alumno Italo Svevo, donde obvió cualquier referencia y comentario a su estilo literario y a su manera de hacer ficción.

Porque como se cuenta a lo largo de los textos que ofrece este libro, Joyce lo invirtió todo en su ficción, eludiendo cualquier “distracción”. Leía y escudriñaba los textos de Ibsen, Meredith, Aristóteles, Santo Tomás de Aquino, Svevo, Wilde, Giordano Bruno, James Clarence Mangan, Mason, Pound, William Blake y Hardy para el único y exclusivo beneficio de su ficción. Y demostró que invirtió muy bien en sus lecturas. Hizo arte.


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3 comentarios en “Joyce dejó de escribir críticas de libros

    • El relato pre está escrito, Andrés. Ya lo vincularé. Está en otro blog donde varios nos hemos reunido para completar todos los ejercicios de Kiteley (Pálido Fuego, 2018). Es una mierda, pero por algún sitio había que empezar. Es más, quizás lo exponga aquí. Con el postrelato epifánico me pondré justo en el momento en que acabe Ulises. Lo prometo. ¿Y tú? Tú tienes más recorrido así que mo sabes cómo te animo. Verás

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