Una mujer que envejece

Artículo publicado en “La Contra de Jaén” el 30 de julio de 2018

El año pasado, por estas fechas, les recomendaba una lista de libros entre los que se encontraban los de dos jiennenses: El relojero de la Puerta del Sol, de Emilio Lara, y La japonesa calva, de Jesús Tíscar. Espero que mi recomendación no les haya defraudado.

Hoy no les voy a recomendar ningún libro de escritor jiennense, sino africano, aunque afincado en Australia. Y digo africano porque nació en Ciudad del Cabo y se crio en Sudáfrica y Estados Unidos. Es licenciado en Matemáticas -con honores- y en Filología Inglesa y a sus setenta y ocho años escribe de maravilla. De hecho, recibió el Premio Nobel de Literatura en 2003. Es uno de los mejores escritores en lengua inglesa. Ah, y le encanta el español. Y esto no es ninguna broma. Investiguen a John Maxwell Coetzee.

La recomendación que les traigo lleva por título Siete cuentos morales, (Penguin Random House, 2018). Pueden encontrarlo en todas las librerías, puesto que es novedad, y en la biblioteca pública de Jaén, pero por la mañana; ya conocen ustedes la batalla que libro con nuestra biblioteca porque todos los años la cierran durante tres meses por las tardes y todos los sábados. Qué desastre. Así pues, cuando se hagan con el libro, empiecen a leerlo en algún bar cercano. Para eso, y estando en Jaén, no tendrán problema.

Ahora, a estas alturas de artículo, querrán saber por qué se lo recomiendo. Son razones sencillas, no les miento, ahora lo comprobarán.

La primera razón es que se lee en dos tardes; en tres si tuitean. Es un libro de apenas 123 páginas, compuesto por siete magníficos relatos. Un libro que, con tan pocas páginas, y sin Twitter, ni Instagram ni Facebook, podrían leerlo en una tarde. Esta brevedad lleva implícito que es un libro estival.

La segunda razón es una razón literaria y será la razón que ocupe el resto del artículo. Si con la primera no les he convencido, sigan leyendo.

Es un libro deslumbrante por dos relatos: “Una mujer que envejece” y “El matadero de cristal”. El primero describe los pensamientos que rodean a una mujer setentona, escritora, que recibe la visita de sus dos hijos que viven en el extranjero. Le inquieta mucho que ha envejecido y que ha empezado a escuchar de su boca palabras que en otros tiempos solía oír en los labios de la gente mayor. Ella siempre se había jurado que no las diría jamás, pero se sorprende diciéndoselas a sus hijos, ya adultos y con la vida tejida. Con su hijo muestra este pesimismo: ya no es la mujer que solía reír porque ya no ríe; ahora “soy la que llora”, repite. Un pesimismo que la encamina hacia otro temor, presentarse a las puertas del cielo “con las manos vacías y un gran signo de interrogación en la frente”. Pero aparece su hija para rescatarla y demostrarle que, como escritora que ha sido, ha escrito durante toda su vida belleza: “ha cambiado la vida de los otros, ha hecho de ellos seres humanos mejores, o algo mejores”.

El relato desemboca en una bellísima comparación que utiliza al zapatero de río, o patinador de agua, o mosca de patas largas. Este insecto “piensa” que caza para alimentarse, pero “sus movimientos describen una y otra vez en la superficie del estanque la palabra más hermosa y trascendental, el nombre de Dios. Los movimientos que hace la pluma sobre el papel también trazan el nombre de Dios, y tú, desde cierta distancia lo ves, pero yo no”, le contesta la madre anciana a su hija.

No les cuento más, pero el relato ahonda en el sentido trascendente de todo lo que hacemos. Y, si bien no le encontremos sentido, quizá para otros nuestras acciones doten de significado sus vidas, y queden transformados.

Había otra razón más para leer este libro, el último relato: “El matadero de cristal”. Un deslumbrante desde el punto de vista formal y que además, evidencia nuestra actitud ante la naturaleza, hacia los animales. Un relato cabrito, en algunos momentos repugnante, pero cuyo fin es combatir el olvido hacia lo que nos sostiene.

No creo que deba contarles más. No merece la pena. Tienen que leerlo. Me animó escribir esta recomendación que es un magnífico libro para que puedan disfrutar plenamente de sus vacaciones.

Si quieren más, y como siempre hago al firmar mis artículos, visiten nuestro bar; perdón, nuestro blog: blumm.blog

¡Buen verano!


En este blog, y Bernardo Munuera Montero, solo aceptan recomendaciones de lectura vía postal (carta o postal) en el apartado de correos 119 de Jaén. Se ofrece, de esta manera, la posibilidad de rescatar la estilográfica y volver a sentir el placer de escribir una cuartilla con la recomendación de un libro para introducirla en un sobre, pegarle un sello y echarla al buzón.
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