Julio 2018 | Veinte líneas por día, geniales o no

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27 de julio de 2018

Todo se simplifica cuando decides quedarte solo en una habitación.

Cambio de bolígrafo porque quiero que cada día sea distinto. De hecho, cada día es distinto.

Ayer, por ejemplo, escribí cerca de veinte líneas. No eran geniales porque para aspirar a la genialidad hace falta invertir tiempo. Me bullen demasiados temas en la cabeza, pero solo uno sería el necesario, o es el necesario.

Me gustaría escribir como Vila-Matas, pero no soy Vila-Matas. Gracias a Dios, dirían algunos. Y también digo yo.

También me gustaría escribir una pieza singular sobre el último relato que he leído de Coetzee, “El matadero de cristal”, porque me parece magistral, pero realmente cuesta trabajo encontrar tiempo entre tantas redes. Estamos enmarañados, atrapados, sería la justa expresión. La dificultad reside en ser continuista. En continuar todos los días esta rutina.

22 de julio de 2018

Desde hoy, esta sección se llamará “Veinte líneas por día”.

Se lo leí a Vila-Matas en Impón tu suerte esta tarde, donde recoge la anécdota de un escritor que se llama Harry Mathews, del que, por cierto, no he leído nada. Vila-Matas escribe: “En marzo de 1983, Harry Mathews, miembro destacado de OuLiPo –el célebre taller parisino de “literatura potencial”, siempre a la búsqueda de nuevos procesos de creación–, recordó un mandato que Stendhal se había dado a sí mismo (“escribir veinte líneas por día, geniales o no”) y en él vio un buen método para tratar sus miedos y pereza. Pensó: incluso para un escritor escéptico como yo, veinte líneas cada mañana no parece un ejercicio excesivo. En aquel marzo de 1983, cuenta Mathews en el prefacio a su diario Veinte líneas por día (Mansalva), le preocupaban dos cosas: acabar su novela Cigarettes, que había empezado cinco años antes, y la muerte en marzo de 1982 de su gran amigo Georges Perec”.

Así, de esta singular manera, acabo de completar las primeras once líneas del primer día de las veinte líneas. No publicacaré todas en el blog, aunque, ¿quién sabe? ¿Y si planteo una entrada por mes? ¿Para qué?, me pregunto. Lo primero que haré será investigar si está disponible el libro Veinte líneas por día, que cita Vila-Matas y si sí, tenerlo presente para comprarlo y leerlo pronto. Agotado.

Ahora recuerdo, y no sé en qué línea estoy, que me gustaría leer pronto el libro de mi amigo Emilio Lara, El relojero de la Puerta del Sol, que entre estudio y oposición, no he podido abrir. Habrá que hacerlo antes de que se termine el verano.

Las primeras veinte del 22 de julio de 2018.

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