Crónica de un raudo viaje a Granada para hablar del Conde Lucanor y de libros con selfi incluido

Llegar a Granada. Salí del parking del Violón buscando la luz que reflejaba Sierra Nevada. ¡Nevada a finales de abril! Ya ves si tuvo que llorar el desgraciado de Boabdil, pues no perdió na el pobre; todo, ya ves. Yo no. Yo, lo primero que hice, para acompasar al tiempo que me ha tocado vivir, fue dejar constancia de mi presencia en Granada demostrando que a mí el Flamenco también me iba y cómo no, me importaba. Dejar constancia de que tu sombra y tú no estáis peleados es hacerte un selfi para subirlo a Instagram antes de que el semáforo se pusiera en verde. Mis seguidores tenían que saber que estaba en Granada un sábado por la mañana y que por ese motivo se presentaba ante mí una mañana agradable. Tan agradable tan agradable que me encontré por casualidad con un anagrama de Granada: agradan. Así pues no me quedó más remedio que titular el pie de la foto

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