Equívoco individual

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Admiro a Erasmo. De hecho, leí este artículo porque la primera palabra era Erasmo. Erasmo, como escribe Vila-Matas, solo hay uno. Erasmo me gusta. A Erasmo le sucedía lo mismo que me sucede a mí, que soy equidistante, políticamente hablando (aunque el final del artículo me aturda un poco y me cueste aprehenderlo, sí, sin duda, soy equidistante, y de Erasmo.)

Pero hoy tampoco toca hablar de política por lo que me sobra el último párrafo de Enrique. En realidad nunca toca hablar de política. A mí no me gusta la política, la política es zafia y hablar de política te convierte en un zafioso, y pierdes el tiempo de tu precioso tiempo. Tienes que convencerte de una máxima, de que nunca convencerás a nadie en política. El que es de Podemos seguirá siendo de Podemos mientras le interese y el que es de Ciudadanos seguirá siendo de Ciudadanos mientras le interese. Cuando al votante de Ciudadanos le interese votar a Podemos votará a Podemos y cuando al de Podemos le interese convertirse al evangelio se convertirá al evangelio. Esos son los pequeños milagros que nadie sabe cómo suceden, pero suceden. ¿Cómo explicas, por ejemplo, que Giovanni Papini presumiera toda la vida de “mira qué ateo soy y mira cómo me río de los curas y qué chistes tan jocosos hago con las hostias que reparten en misa, jijijij” para terminar en un convento franciscano de Verna? No puedes responderme. No, no puedes, y lo sabes. Lo único que puedes es elucubrar, pero sin argumentos. Y si te grabas, escucharás después obviedades, generalidad elevada al cubo. No hay argumentos para explicar cómo un tipo como un Giovanni blasfemo termina muriendo en la cama de un convento franciscano. Es más, ni aunque te leyeras su obra maestra, Gog.

El artículo “Independencia individual” de Enrique Vila-Matas ha hecho que abra Onenote, pegue el artículo en pdf y empiece a escribir junto a él, a la derecha. ¿Resultado? Esta entrada. En realidad me apetecía escribir algo. Y pegado el artículo, leo y escribo. En realidad pretendía escribir una glosa, pero la glosa se me ha ido de madre, como se puede comprobar.

He de utilizar la aburrida primera persona. Disculpad. Podría empezar a mentir pero no sé mentir. Eso sí, a mis alumnos les advierto que la literatura es mentira, incluso lo que cuenta Papini en Gog, porque lo que cuentan los libros de literatura son mentiras, que todo nace de la imaginación de un tipo con capacidad para mentir de la manera más artística que existe.

Desde que realizo ejercicios prácticos para preparar la parte práctica de la oposición —soy docente interino—, miro y remiro con sumo regusto algunos textos. Hoy me entretuve con este de Enrique Vila-Matas. Algún día le enviaré a Fernando Fedriani, mi mentor, un comentario literario basado en un artículo de Vila-Matas. ¿Te imaginas que en junio de 2018 apareciese un texto de Vila-Matas en el examen de oposición de Lengua Castellana y Literatura? No lo elegiría. Quedaría descartado, por supuesto. No hay nada más peligroso que acometer en un examen de oposición un tema que dominas, pero me gustaría.

Si algo quiero que quede claro con esa entrada es que, quien quiera elevar su nivel de lecturas, debería empezar a leer los artículos de Café Perec de Vila-Matas. ¿Por qué debes leer todos los artículos que escribe Vila-Matas? Porque son los artículos de la prensa española que más referencias literarias de calidad ofrece. Es fácil que aciertes y consigas extraer de cada artículo una pequeña pero sabrosa lista de libros.

Hoy, por ejemplo, cita a Erasmo, a Terencio, a Tabucchi, a Coetzee y a Zweig. Lo más sorprendente es que los hipervincula, tira de intertextualidad. En el texto evidencio esas relaciones con colores. Es algo que me fascina. Es una capacidad asombrosa. No solo los cita sino que, junto a ellos, ofrece una lista de tres títulos: Pequeños equívocos sin importancia, Las manos de los maestros —¡leído!— y Elogio de la estupidez —que quiero leer en julio—. (Ahora que caigo, Javier Marías publica libro con un título que me recuerda también a la estupidez: Cuando los tontos mandan. Sí, leeremos cuando los tontos manden)

En este artículo Vila-Matas empieza con Terencio y acaba con Erasmo. Lo relaciona enseguida con Tabucchi gracias a un equívoco y a la magia de la lluvia. ¡La magia de la lluvia! ¿Has leído a Terencio? ¿No? ¿Y a Tabucchi? ¿A qué esperas? El equívoco constituye un anzuelo que le permitirá escribir sobre Coetzee para decir que este, en un libro que recomiendo que leas cuanto antes, Las manos de los maestros (Tomo I y II), desenreda los típicos tópicos que repites, sin darte cuenta, sobre escritores.

Glosaría el último párrafo del artículo, pero aparece el sema «político»; no tengo ganas.

Quizás me equivoque zanjando aquí la escritura de esta entrada pero no se podrán imaginar de qué irá el artículo siguiente; pero será deleite y goce propio, aunque lo escriba él: ¡vaya equívoco!

Divirtiéndome con un texto de Enrique Vila-Matas
Divertimento con Onenote sobre un artículo de Enrique Vila-Matas

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