De cómo me interesé por Lydia Davis

La afortunada ha sido Lydia Davis, escritora que es capaz de documentar los movimientos de tres vacas durante veinte páginas; y la de componer una historia con listas insólitas de pequeñas incomodidades, de onomatopeyas de cosas en la casa.

Esta entrada quiere servir de ejemplo para los que dicen que «no saben qué leer» y se dedican a ir a las aguas negras de los prescriptores de lecturas para recoger títulos del montón. Esta entrada pretende revelar, para quien quiera saber, una de las maneras que utilizo para seleccionar mis lecturas. Ayer anoté otras dos referencias de libros próximos. Los libros te llevan a otros libros, nos decía anteayer René López Villamar (vídeo). Hoy ha sido un tuit el que me orilla al regazo de Lydia Davis.

Sábado tarde. Termino de leer En el corazón del corazón del país, de William H. Gass (que contiene uno de los mejores relatos que he leído en mi vida: “El chico de Pedersen”). Tengo a mi izquierda, sobre mi mesa, dos títulos más: Mac y su contratiempoCorazón tan blanco. Intento no llevar más de tres libros a la vez. Mi cuenta de GoodReads lo demuestra. Elijo Mac y su contratiempo. Alegre por mi decisión me recompenso con unos minutos de Twitter, ese río de información filtrada. Heráclito se volvería loco en Twitter.

Leo este tuit de Patricio Pron:

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Leo la respuesta de Miguel Ángel Hernández:

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Investiguemos, me digo.

De las recomendaciones y sugerencias que hace este tipo, y algún día tendré que investigar el porqué, me suelo fiar como se fía un hijo de su padre. Insisto, no sé el porqué, pero intuyo, por las fotografías de los libros que trata, mima, lee y publica en su cuenta de Instagram que existe una evidente afinidad libresca.

Bien, busco el libro de Graciela Speranza en Anagrama y leo su ficha:

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Me llama la atención la revista que dirige: Otra parte. Es lo que más me llama la atención de toda la ficha editorial. Incluso más que el libro por el que entré, Cronografías, que queda en un segundo lugar de repente. Quizás porque el nombre de la revista está escrito al final del párrafo (dicen los que saben de técnicas de estudio). O porque me gusta la austeridad y la simplicidad de su título, tan común, incluso como nombre para una editorial, Editorial Otra parte, al igual que Editorial Anagrama. Busco la revista en Internet y pincho sobre el enlace. Entro y paro, copio el enlace, no quiero que se pierda en el abismo cibernético.

Austera parece la revista, es mi primera impresión, no enfocada al escaparatismo, voyerismo y selfitis de las redes sociales (no hay botones para compartir). Decido leer el primer artículo que encuentro de Graciela Speranza que se titula “La carrera paciente de Lydia Davis“. Fascinante. Un artículo que me prescribe una próxima lectura y que me enseña a cómo escribir sobre libros sin ambages, con palabras precisas, abriendo el libro y mostrándolo con sumo gusto y gracia léxica a los lectores. «Pues qué bien lo hace Graciela», pienso. «Hay que leer Cronografías», me convenzo. Me gusta su estilo. Lanzo, desde donde me encuentro, un mudo «¡gracias por tus palabras, Graciela!» Inevitablemente me convence una vez y casi setenta para leer a Lydia Davis. Me cautivan todos los párrafos del artículo pero sobre todo el primero:la-carrera-paciente-de-lydia-davis

Había escuchado hablar de Lydia Davis pero no había leído ni había mostrado interés para leer nada de Lydia Davis. Apunto. He vuelto a la utilización de fichas de cartulina que combinadas con Evernote, van configurando mi mapa de lecturas además de controlar mis libros, mis referencias y mis bibliografías. Apunto con cierta ansiedad DAVIS, Lydia, Cuentos completos. Más tarde comenzaré, cuando pase a la etapa de revisión de fichas, la búsqueda del título en alguna librería.

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Así pues quedan fichadas dos autoras más. Graciela también, por supuesto. Consideraré cómo adquirir sus libros, si vía compra o desiderata a la biblioteca pública pero está muy claro que Cuentos completos, de Lydia Davis y Cronografías, de Graciela Speranza han entrado en cola de lectura.

Y se acabó. Con esta entrada revelo una de las maneras que tengo para seleccionar lecturas. No es un camino extraño, ni difícil, ni rutinario. Soy de los que libran una lucha particular y casi siempre cuerpo a cuerpo, argumento contra argumento, café contra té, contra los que se amilanan y conforman, contra los que no se esfuerzan descubrir sus lecturas y son arrastrados por la siempre poderosa corriente del márquetin editorial, que no siempre ofrece lo mejor que se ha escrito. Hablar doscientas cincuenta y siete veces en un programa de radio o televisión no convierte a ese libro en un buen libro. Y caemos, como conejitos, en esa red de la agresiva campaña de márquetin del grande y muy fétido grupo editorial. Recoger referencias de lectura de la madre común es, en ocasiones, muy peligroso: puede matar tu afición a la lectura y, aunque yo considere que la lectura no es ocio, ni pasar el tiempo, ni relajación (bueno, sí corporal, no intelectual), merece la pena descubrir por ti mismo nuevos títulos para que entren a formar parte de tu particular imaginario como lector, y que te quedes, para siempre, fascinado.

(Este post fue publicado hace mucho tiempo en un blog que tuve sobre libros)


Descubro, después de editar este post, un artículo de Enrique Vila-Matas sobre Lydia Davis. Disfrútalo.

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2 respuestas a “De cómo me interesé por Lydia Davis

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