Narrar por instinto de libertad

HOY HE LEÍDO un artículo de Luis Landero escrito hace veinticinco años. Permanece fresco, como ese musgo que se adhiere a las fuentes con caños gordos que hay en muchos parajes de Cazorla y Mágina. Yo siempre acaricio ese musgo, que es muy verde y muy oscuro. Para mí, es como un talismán. El texto de Landero, decía, es muy, muy fresco. No voy a hablar hoy de él. Solo enunciaré las premisas del tercer párrafo y el argumento que ofrece así como la conclusión final que extrae. Sí, los textos argumentativos son golosos. Este de Landero también. A mí me entretienen. Además, esta semana me ha dado por estudiar en los ratitos libres de la tarde más sobre ellos. En esa tarea andaba cuando me he topado con uno deslumbrante y me he dicho que estaría muy bien hablar de él en el blog pero lo confieso, he comprobado estos tres últimos días que me resulta dificilísimo escribir post todos los días. Después del gozo que ha supuesto ser capaz de escribir durante tres días, bueno, de componer un post tres días seguidos, porque una cosa es escribir y otra escribir post (vínculos, capturas de pantalla, imágenes, referencias varias, borrador uno, borrador dos y borrador ene), me siento obligado a retomar otra cadencia porque soy un hombre libre que trabaja y da de comer a sus retoños. Quería advertirlo aquí y queda advertido. Componer post todos los días «no va a poder ser, amigos». Vuelvo a la cadencia del domingo en domingo y si me da tiempo dejar alguno programado para el miércoles, mejor, miércoles y domingos. Ya veremos.

Bien, decía que HOY HE LEÍDO —por lo menos siete veces— el tercer párrafo de un artículo de Luis Landero (desvelaré el título en el próximo post —si no lo descubre algún lince antes—) en el que se establecen estas premisas, este argumento y esta conclusión. Y me gustaría hablar más de él:

Primera premisa: «Nos complace narrar, recrear con palabras nuestras diarias peripecias».

Segunda premisa: «A la experiencia real le añadimos la imaginaria. De ese modo vivimos dos veces el mismo episodio».

Argumento: «Porque nos repugna la servidumbre de la propia condición humana».

Conclusión: «Somos narradores por instinto de libertad».