Un hombre puede ser enterrado vivo y ver su tumba en su propia descendencia

IMG_20151018_220100Prestar atención a un texto significa que irradia «extrañamiento», que eso es la literatura, en definitiva, y que te llame la atención, te alerte y se conjugue para ti lector real de alguna manera hasta hacerse con tu pensamiento. No olvidarás el tiro, la línea que dibujó en el momento en que lo leíste por todo lo que ese texto dibujó para ti. Así no se olvida nunca, o casi nunca. Esta cita es de ese tipo y quedó grabada en mi memoria. Y ahora la comparto sin más. Quizás, cuando tú la leas no (te) «irradie» nada. Sería lógico también, por supuesto. Espero que no. Para mí, en cambio, será un texto que reverberará hasta que vuelva al polvo en que me convertiré.

Está extraída de la página 171 de La religión de un médico y el enterramiento en urnas de Sir Thomas Browne, recomendado, editado y traducido por don Javier Marías. Es una perla literaria y me ha servido, además, para salvar la entrada de este domingo. Es un brillante literario que te recomiendo que compres (en papel o en kindle); y que te lo releas.

Llamemos juicio al amor a nuestros padres, al afecto por nuestras mujeres e hijos, y son todos pantomimas y sueños mudos, sin realidad, verdad ni constancia; pues al principio hay un fuerte vínculo de afecto entre nosotros y nuestros padres; ¡sin embargo, con cuánta facilidad se deshace! Nos entregamos a una mujer, olvidando a nuestras madres en una esposa, y al útero que nos dio a luz en el que llevará nuestra imagen. Esta mujer nos bendice con hijos, pero nuestro afecto abandona el nivel que antes mantuvo, y baja desde nuestra cama hasta nuestra descendencia y señal de posteridad, donde el afecto no mantiene casa estable. Ellos, con el crecer de sus años, desean nuestro fin o, dirigiéndose a una mujer, toman una vía legal para amar a otro mejor que a nosotros. Así, yo me doy cuenta de que un hombre puede ser enterrado vivo y ver su tumba en su propia descendencia.

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