Doscientos aspirantes a escritor

El siguiente texto se extrajo del “Pórtico” que escribió Ricardo Menéndez Salmón para… Pero debo contar una historia. Un día, hace tiempo, una de esas personas empeñadas en creer que la literatura todavía sirve para algo me invitó a formar parte de un jurado. Dudo que sea imaginable un ruego más perverso. Pero uno, que es educado y no sabe negarse, cuando en realidad desearía ser Thomas Bernhard y mandar a la mierda a la entera sociedad filantrópica vienesa, acepta y lee los engendros, bodrios y patéticos testamentos que doscientos aspirantes a escritor endosan como cheques falsos. Juro por el santo patrono Job, paladín de los pacientes, que no hay mayor mugre sobre esta Tierra que la incontinencia literaria. De pronto, entre toda esa basura, un rayo de luz. Mejor dicho, un puñetazo de luz, un póquer de páginas que convierte en amable semejante suplicio. Se abre la plica. (Emoción y suspiros). Se desdobla una página. (Sudor y palpitaciones). Se

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