La manía de leer en "Qué leer"

¡Qué importa! ¡Ruede la bola!, ¡Salimos en la página 12! Hoy recibía, a eso de las diez y media, un mensaje en la blackberry del curro: era una mención en twitter. Una mención es eso, una mención. Te mencionan, nombran tu nick y tu nick te reclama, refieren tu apodo o el mote que has inventado para twitter y ves quién te cita. En twitter tengo nombre de susto -sin admiraciones-: @blumm. Belén, que es editora de Espasa, era la tuitera que mencionaba mi alias, @blumm. Lo hacía con este tuit. ¡Gracias, Belén! (Por cierto, aprovecho para decir que ella también escribe sobre libros en La amena biblioteca de Redfield Hall. Suscríbanse vía Feedly, si les da la gana. Yo ya lo he hecho). Me alegré de verdad. Quedé sorprendido. Atravesaba, en ese momento, un puente sobre el río Guadajoz, de Castro del Río, ciudad en la que residió Carlos, que siempre despertó mi curiosidad. Leía la pantallita del móvil y miraba de

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Constatación BRUTAL del presente, de Javier Avilés

Si quieres acceder directamente al comentario del libro del que hoy escribo, prescinde de los cuatro primeros párrafos de este post. Este es el párrafo número uno, o primero. Cuenta. El siguiente es el segundo. Hace ya casi dos semanas terminé de leer Constatación brutal de presente (Libros del Silencio, 2011), de Javier Avilés. Y hace ya casi dos semanas que tenía como gran tarea escribir de él aquí. No reseño libros. Quiero que este matiz quede de una vez por todas claro. No sé reseñar libros. Aquí, en este blog, escribo sobre algunos de los libros que leo y de una manera muy particular. En ocasiones soy capaz de escribir más de mil palabras sobre una frase de ese libro, o sobre un párrafo de aquel otro. Otras, mil doscientas palabras sobre lo bien que ha colocado el autor esa tilde. Párrafo cuarto. Bien, ya ha quedado claro: no reseño libros. Leo, soy lector. Leo mucho y escribo mucho

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Soliloquio 7

A mí El País no me lo ha preguntado: ¿Qué libro te conquistó para la literatura? Pero yo les respondo. Tampoco ningún lector. Ni falta que hace. Pero yo os respondo. Respondo con la verdad. Es el primer libro con el que identifico, en esa neblina del pasado, mi inicio como lector voraz de literatura. No es español, pero yo respondo, no hay problema. En su lectura invertí tres largas noches de verano sentado en una hamaca naranja que había en la terraza del piso, de mi habitación -aquellos lujos…-. Tres, sí, no más. No, no más: tres noches. Está en casa de mis padres, voy a sugerir que me la regalen para mi próximo cumpleaños que es el 25 de octubre. No habrá tercer párrafo en el post. El libro que me conquistó para la literatura fue El idiota, de Fiodor Dostoievski. Alianza Editorial los tiene en dos tomos. Yo lo leí en esta edición del Círculo de Lectores. En Alianza,

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Así en Rimbaud como en el presente

Acabé en esta semana dos libros más: Constatación brutal del presente (Libros del Silencio, 2011) , de Javier Avilés y  Así en la tierra como en el infierno, Ave Virgilio, Los locos los reclusos (La Uña Rota, 2010) de Thomas Bernhard. Del primero hablaré más adelante aquí, en el blog, porque Constatación brutal del presente es un libro del que hay que hablar. Es más, para los adelantados de la clase, recomiendo su lectura porque es un libro para gente lista -como yo- y porque está escrito por el escritor que construye El lamento de Portnoy. ¿Queréis azúcar? ¡Tomad miel! El segundo título también lo recomiendo. Y mucho. A Bernhard siempre lo recomendaré porque hay sibaritas literarios, como le digo a mi vecino del tercero, que es ilustrador. La Uña Rota, que es la editorial que lo publica -¡gracias!-, incluye al inicio del libro una conferencia -para leer y releer hasta la saciedad- pronunciada por Thomas Bernhard en el hotel Pitter de Salzburgo

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Siete maneras de decir manzana, de Benjamín Prado

  Quizás sea el momento de escribir sobre poesía. ¿Son quizá o quizás las ninfas las que necesitan ahogarse para que esto suceda? Aquí, en este blog, muy poca gente ha escrito sobre poesía: ni yo. Y he pensado que, después de leerme el ensayito de Benjamín Prado, era hora, momento más que nada, para escribir sobre poesía. No voy a hablar sobre poesía porque no podría hablar de poesía, yo, que no soy poeta. He leído poesía, pero muy poca. Para tener capacidad para escribir sobre qué es poesía, ¡nada! La poesía es jugar con los silencios que todas las palabras esconden en el lado que no existe. La poesía es escribir sobre un cable  y seguirle la pista hasta que florece y hace chispa y conexión, se me antoja e invento. Eso es poesía. También es poesía jugar con los botoncitos del ON y del OFF a la vez, casi sin querer. Eso es poesía. La poesía se

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