Delillo sobre el ritmo de la frase

Al término de cada frase aguarda una verdad, y el escritor sabe reconocerla cuando por fin la alcanza. En un determinado nivel, esa verdad constituye el ritmo de la frase, su cadencia y su equilibrio, pero a un nivel más profundo representa la integridad del escritor enfrentado al lenguaje. Yo siempre me he visto a mí mismo en las frases. A medida que elaboro una frase, comienzo a reconocerme, palabra por palabra. El lenguaje de mis libros me ha modelado como hombre. Una frase que nos sale bien está dotada de fuerza moral. Revela la voluntad de vivir como escritor. Cuanto más profundamente me sumerjo en el proceso de lograr la perfección de las sílabas y el ritmo de una frase, más aprendo de mí mismo. He trabajado mucho y  muy duramente en las frases de este libro, pero no lo bastante, dado que no me veo a mí mismo en su lenguaje. La imagen en movimiento ha desaparecido, el

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Ha muerto don Ramón del Valle-Inclán

Quise saber cuándo y de qué murió Valle-Inclán. Y lo conseguí: murió el 5 de enero de 1936, de un ataque de uremia. Entré en la web de la Biblioteca Nacional y empecé a abrir puertas. Allí di con el Heraldo de Madrid del 6 de enero de 1936. Y todo se detuvo. Y todo se detuvo por segunda vez. Así, hasta no sé cuántas veces. Allí, en 1936 y con República en España me sentía de Madrid. Se puede disfrutar mucho con este tipo de documentos. Yo disfruto mucho en la Biblioteca Nacional “digital”. Reconozco que puedo ganar una tarde entera ensimismado en los retales de historia que se guardan aquí. Y dos tardes, hasta la hora de la cena y después de la cena y casi que no me acuesto. ¡Ay, la Historia! Valle-Inclán tuvo tres hijos: María Beatriz, Jaime y María Antonia. Cuando murió estaba trabajando en su última novela, El trueno dorado que quiso ser una continuación

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Juan Benet sobre la literatura de posguerra

La literatura española de la posguerra ha sido pobre y lo seguirá siendo mientras no existan unos cuantos hombres que consuman su tiempo en el ocio y en el cultivo de cosas que no sirven para ganarse la vida. La cita es de Juan Benet y la recoge Rafael Reig en la página 217 de su Manual de literatura para caníbales que recomiendo leer a todo el que se dedique a enseñar, que no a repetir, literatura.